Esta semana presentamos "Lo macabro del amor" en Sevilla y Granada.
martes, 7 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Pennies from Heaven
Nos hallamos aquí ante un film único, deslumbrante y cargado de talento, adelantado a su tiempo, y que constituye una auténtica joya, a pesar de que en su día pasara sigilosamente por las pantallas donde se estrenó. Al enfrentar el visionado de “Pennies from Heaven” (o “Dinero caído del cielo”, como se ha traducido) nos encontramos con un drama centrado en la época de la Gran Depresión, con un Steve Martin que demuestra que también puede ser un buen actor dramático (para confirmarlo no hay nada más que ver “La Trama”, de David Mamet) y donde asistimos a su trágica trayectoria, con decisiones desacertadas que irán oscureciendo paulatinamente su futuro. Pero, y aquí reside la grandeza de la película, todo este pesimismo que nos solivianta durante la proyección se transforma en satisfacción con los brillantes números musicales que cubren el metraje, y que sirven como válvula de escape no sólo a los espectadores, sino también a los sufridos personajes que interpretan el propio Steve Martin y Bernardette Peters.
Como dato anecdótico podemos comentar que todas las canciones son playbacks de audios originales que se corresponden con la época en la que transcurre la película, y que agudizan la sensación de encontrarnos ante una obra única. A todo esto no es ajena la gran dirección que ejerce un inspirado Herbert Ross, que conduce con paso firme todo el desarrollo de la historia, consciente de que el protagonismo debe recaer en la trama, los personajes y los espectaculares números musicales.
Y, hablando de espectáculo, no podemos dejar de comentar la breve y brillantísima presencia de Christopher Walken en esta película que, con apenas cuatro minutos de presencia en pantalla, demuestra por qué es uno de los grandes talentos de Hollywood. En definitiva, una obra maestra del cine, un musical espectacular, una película que deja huella, un prodigio irrepetible. Magistral.
©José Luis Ordóñez (texto), febrero 2012
martes, 31 de enero de 2012
Palabras para un toro sin voz
Surgió hace un par de meses la posibilidad de colaborar en un libro que persigue un fin noble: luchar contra el maltrato animal. Centrándose en la abolición del denominado “Toro Alanceado de Tordesillas”, una serie de autores muestran a través de relatos, poemas, ensayos o dibujos su rechazo ante lo que es un acto de crueldad de difícil comunión con las costumbres de un país que se supone civilizado. Así pues, y con el objetivo de poner voz a ese animal que sufre y padece, escribí un pequeño relato que narra una breve escena de una mítica historia de amor bien conocida por todos y que mezcla al mundo de Hollywood y la Costa Brava con ancestrales y salvajes tradiciones que sobrecoge aún sigan vigentes en nuestra tierra.
“Palabras para un toro sin voz” es una antología publicada por Ediciones Hades por iniciativa de la Plataforma “Manos Rojas” donde participan los siguientes autores: Rosa Montero, Soledad Puértolas, Juan Kalvellido, Emilio Silva, Carlos Mañas, Ángel Padilla, Jorge Riechmann, Ruth Toledano, Hugo Cardalda, Esther Tusquets, Luisa Cuerda, Asier Triguero, Fernando Delgado, Rafael Narbona, José Luis Victoria, Fernando González "Gonzo", Carlos Azagra, Elvira Lindo, Nativel Preciado, Ricardo Muñoz, José Luis Ordóñez, David Fernández Rivera, Ian Gibson, Vicent Jaume Almela, Javier Montilla, Eduardo Galeano y Julio Ortega Fraile.
Presentaciones
MADRID:
Jueves 2 de febrero a las 19,00 h. en la Sala del Consejo de la Juventud de España.
Calle Montera, 24. (Por razones de aforo la asistencia a la presentación será mediante confirmación previa al correo:
j.ortega@liberaong.org)
VALLADOLID:
Jueves 23 de febrero a las 19,30 h. en el Aula Triste, Palacio de Santa Cruz (piso bajo, entrando en el claustro a la izquierda). Plaza de Santa Cruz.
VIGO:
Sábado 25 de febrero a las 19,30 h. En La Casa del Libro. Calle Velázquez Moreno, 27
©José Luis Ordóñez (texto), enero 2012
jueves, 26 de enero de 2012
Grupo Salvaje
Ya no se hace cine como el de Peckinpah… aunque para ser honestos habría que decir que nadie hizo nunca el cine que hizo Peckinpah: visceral, rudo, áspero, violento y romántico, porque, en el fondo, “Grupo Salvaje” es la visión romántica de un grupo de perdedores elevado hasta el pedestal de la leyenda por obra y gracia de un cineasta que vivió los rodajes como vivía la vida: con la intensidad que hace que uno sienta que merece la pena pisar la tierra.
Y qué decir de un grupo de veteranos atracadores interpretados por unos geniales e inolvidables William Holden y Ernest Borgnine, secundados no con menor brillantez por unos magníficos Ben Johnson (cómo no recordarlo de sus películas con el maestro John Ford) y Warren Oates (unos años antes de que buscara la surrealista cabeza de Alfredo García). Añadir a esto un irreconocible Edmond O’Brien (lejos del elegante, engominado y pulcramente afeitado hombre que buscaba encontrar a quién lo había asesinado en “Con las horas contadas”, de Rudoph Maté) y un sólido y melacólico Robert Ryan y nos encontramos con uno de los mejores repartos de la historia del cine (y no nos olvidemos, claro está, de la presencia de Emilio Fernández y Alfonso Arau, que años después terminaría dirigiendo películas, entre ellas “Como agua para chocolate”).
A nivel visual la película impactó en su momento por las escenas de violencia filmadas a cámara lenta, mostrando los impactos de bala con detalle y dejando un rastro de sangre en la retina del espectador. A día de hoy, aunque eso sigue siendo el sello Peckinpah, me quedo con las miradas de William Holden a su grupo y con ese “Let’s go” que les repite alentándolos a seguir adelante, o con esa extraña lealtad, ese envidiable sentido del honor y la amistad que rige los destinos de estos pistoleros —Holden, Borgnine, Johnson, Oates y Sánchez—, llevado a su culmen en ese apocalíptico final, violento y conmovedor, plagado de nuevo de miradas cómplices que suplen las palabras, demostrando que el cine es el arte de la imagen y que la imagen agrietada de una mirada que comprende que su tiempo ha pasado justifica y alenta para intentar lo imposible, demostrando que quien lucha por la imposible saca el billete para entrar en el terreno de la leyenda.
En definitiva, esta historia del grupo de veteranos atracadores de bancos que viven al margen de la ley y que actúan en la frontera entre los Estados Unidos y México, impactó en su momento y hoy, más de cuarenta años después, se ha convertido en uno de los mejores westerns de la historia del cine; y, sin duda, en la mejor obra de Sam Peckinpah.
sábado, 14 de enero de 2012
Asesinatos Profilácticos
Una auténtica gozada criminal que te coge del cuello y no te suelta hasta llegar al clásico “The End” (aquí en forma de punto y final, claro), escrita en un delicioso blanco y negro, con personajes que en la imaginación uno ve interpretados por los Humphrey Bogart, James Cagney o Edward G. Robinson de los años 30 y 40, y una Rita Hayworth que se adivina cantando de fondo “Put the blame on me”.
O así lo imagino yo, que participo con relato en estos Asesinatos Profilácticos, y ahora los leo (y disfruto) en este sábado que ya se ha hundido en la oscuridad pero que brilla con estas historias gozosas y criminales.
Edición y prólogo de Santiago García Tirado
Relatos de Guillermo Orsi, Willy Uribe, Jerónimo Tristante, Miguel Ángel de Rus, Juan Ramón Biedma, Cristina Fallarás, Raúl Argemí, Pedro de Paz, Carlos Augusto Casas, Andrés Fornells, Manuel Villa-Mabela, Álvaro Díaz Escobedo, Daniel Barredo, Kalton Harold Bruhl, Joseba Iturrate, José Luis Ordóñez, Isaac Belmar, Carlos Salem, Joaquín Lloréns, Julio Fernández Peláez, Teresa Galeote, Emilia Luna, Manuel A. Vidal, Alberto Castellón, Iván Teruel, J. Manuel Fdez Argüelles, Manuel Gómez Gemas.
“Los mejores autores negros del momento presentados por el responsable de la edición, Santiago García Tirado. Ni en Chicago años 30 nació una generación así.”
“Las historias más negras y criminales. Una joya de la Literatura Negra; asesinatos hermosos, crímenes que logran recuperar el equilibrio del
mundo, otros con sabor a justicia y poesía, o a venganza. La ciudad atravesada por historias violentas.”
“Asesinatos profilácticos es la más reciente continuación de las tres Antologías del Relato Negro publicadas hasta el momento. Estamos antes el mejor elogio de la venganza como justicia y como acto estético, un libro vanguardista, irreverente, que niega las grandes palabras e incita a los hechos. El lector de todas las sociedades ha sentido fascinación por la sangre; la novela negra se ha presentado como un elemento aleccionador contra la enormidad en épocas de puritanismo; y en épocas de libertad moral, como una muestra del ser primitivo y libre que vive en nosotros. En esta antología negra se hacen propuestas al lector que le incitan a acabar con el orden establecido de sus ideas, liberar sus represiones.”
martes, 3 de enero de 2012
LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2011
MEDIANOCHE EN PARÍS (Woody Allen). Dios existe y se apellida Allen. Magistral.
Cada vez que voy al cine tengo la sensación de entrar en un lugar especial, alejado del frenesí diario, de los conflictos que nos rodean, un lugar, en definitiva, que me permite dar a ese botón de pausa que frena todo lo demás y hace que se me conceda un tiempo muerto (como diríamos en baloncesto), y así afronte desde el patio de butacas una historia en imágenes que me saca de la realidad y me lanza al mundo de la ficción. Tengo que decir que después de ver “Medianoche en París” ese mundo real del que uno escapa cuando va al cine es mucho más soportable y todo se ve con un rasgo de optimismo superior, porque la última película de Woody Allen demuestra que hay esperanza en el cine, y si hay esperanza en el cine hay esperanza en todo lo demás.
Sé que desde hace bastante tiempo, cada vez que se estrena una nueva película del maestro neoyorquino, hay un coro de voces bastante extendido que nos dice que sus nuevas obras ya no están a la altura de las películas que rodó en los setenta y ochenta, que ya ha perdido la magia y frescura de antaño, que se repite, que no cuenta nada nuevo… Seguramente es lo mismo que otro coro de voces ancestral calentaba los oídos a, no sé, digamos un Hemingway o un Picasso, o, si nos alejamos más en el tiempo, a un Shakespeare.
“Medianoche en París” es una obra de arte, y sí, habla, como en el resto de sus películas, de lo que le interesa a su creador: de las relaciones amorosas, del choque de culturas, de la ficción como válvula de escape a la asfixiante realidad, de literatura, de filosofía, de vida y de muerte (no sólo física) y de muchas otras cosas que enriquecen una historia que, sobre todas las cosas, es sencilla, espontánea, fresca y lúcida, un derroche de creatividad y riqueza que apenas llega a los noventa minutos de duración, que te hace feliz mientras asistes a la proyección y mejora tu visión de la realidad cuando sales del cine, todavía hechizado por la magia del embrujo de un cineasta incombustible, voraz en su creatividad, pasional en sus historias, un creador fiel a su estilo, a sus temas, a su filosofía vital y cinematográfica, alguien a la altura de los más grandes que ha dado el cine, alguien, en definitiva, con eso que cada vez es más raro de encontrar en el cine contemporáneo: personalidad.
“Medianoche en París” supera todas las expectativas, porque no sólo recorre los caminos habituales en la filmografía de Allen, sino que lo hace de una manera original, sorprendente, con un reparto fantástico y una magia cargada de naturalidad que conduce a ese fin único y absoluto que persigue cualquier pieza artística: la emoción. Obra maestra absoluta que abrió el último Festival de Cannes.
THE ARTIST (Michel Hanavizius). Una gozada para todos los que aman el cine.
Aquí nos encontramos con un pequeño milagro: una película muda, en blanco y negro, sin estrellas y con la ambición de encontrar su público. Después de pasar por varios festivales (el próximo, el Festival de Cine Europeo de Sevilla), The Artist ya venía precedida de excelentes críticas que no puedo sino corroborar, porque estamos ante una obra artística, brillante y divertida que, además, funciona como un homenaje más que evidente al gran Gene Kelly que aparecía en Cantando bajo la lluvia (al cual evoca Jean Dujardin con la frescura y simpatía del mítico bailarín, en una magnífica interpretación). Igual que en el clásico musical, aquí se habla de la difícil transición del cine mudo al cine sonoro, pero mientras que en la película de Donen & Kelly quien tenía dificultades de adaptación era la actriz protagonista, aquí es el galán consagrado el que rechazará la evolución hacia una nueva forma de contar las historias. Con la presencia siempre agradecida de secundarios reconocibles (un John Goodman estupendo, que borda su papel) y algún cameo sorprendente (si uno parpadea se pierde la fugaz aparición de Malcom McDowell), Michel Hazanavicius consigue con The Artist una película inteligente, realizada por alguien que ama el cine para todos aquellos que veneramos el séptimo arte, y además se permite el lujo de homenajear al gran Bernard Herrmann utilizando uno de los temas clásicos que el compositor creó para Vértigo, la obra maestra de Alfred Hitchcock. Una joya.
ATTACK THE BLOCK (Joe Cornish). En una palabra: fantástica.
“El espíritu de John Carpenter ha estado muy presente en la elaboración de esta película”, confesó el guionista y director de la cinta, Joe Cornish, en una rueda de preguntas a la que asistí en la carpa de la FNAC que se instaló en el exterior del Auditori, en el último Festival de Sitges. Hablar de Attack the block es, por tanto, hablar del sentido lúdico del cine, de personajes bien construidos, heroicos (aunque sean adolescentes, algunos de ellos son herederos de esa joya de los 70 que es Asalto a la comisaría del distrito número 13), de la perfecta combinación entre música (excelente banda sonora) e imagen, con diálogos chispeantes perfectamente interpretados que nadan en una naturalidad poco habitual. Joe Cornish consigue en esta película ir a más: tras un buen comienzo, que ya estimula y sorprende al espectador, la historia crece, esquivando siempre caminos habituales y trillados para tomar las decisiones más acertadas, dentro de una historia fantástica que combina con acierto humor, acción y ciencia-ficción. Brillante.
MELANCHOLIA (Lars Von Trier). Una muestra más en cine del concepto que tiene el amigo Lars sobre el ser humano. Magnífica, con dos actrices estupendas y un Kiefer Sutherland que lo borda.
UN DIOS SALVAJE (Roman Polanski). Puro cine de uno de los grandes, porque para Polanski cada plano importa y significa algo, y aquí, además, cuenta con cuatro actores de primera línea.
PRIMOS (Daniel Sánchez-Arévalo). Una gozada. The Spanish feel-good movie of the year.
¿Recuerdan esa obra maestra que hizo Woody Allen en 2009 donde el personaje que interpretaba Larry David se dirigía a cámara y hacía referencia a que ésa no era la película del año que “te iba a hacer sentir bien”? Bueno, pues ahora podemos decir que “the feel-good movie” de 2011 es sin duda “Primos”. Y, además, la película más redonda de las tres que hasta ahora nos ha ofrecido Sánchez Arévalo, al que recordamos de sus magníficos cortometrajes. Con unos intérpretes en estado de gracia, la película nos lleva de un lado a otro, con las peripecias y vaivenes amorosos de su protagonista y escuderos, en un ejemplo de frescura y naturalidad que hacen posible que el interés que empieza alto (en la divertida secuencia de arranque) no decaiga y se mantenga durante toda la película hasta el optimista y simpático desenlace.
EL ÚLTIMO EXORCISMO (Daniel Stamm). Un divertimento escalofriante.
Ésta es una película ideal para entrar en el cine sin saber absolutamente nada de ella, porque entonces el impacto emocional (y terrorífico) es aún mayor. Por supuesto, es imprescindible para alcanzar esta intensidad verla en pantalla grande (y por tanto sin interrupciones) y en versión original (para captar esa veracidad que nos arranca de cuajo el doblaje), porque el film de Daniel Stamn bucea en la naturalidad como medio ideal para hacer llegar su historia, fundiendo estilo y trama en una única línea que potencia la inquietud del espectador hasta llegar al sobrecogedor último tramo de una película que se exhibió con éxito en el Festival de Sitges 2010. Magnífica muestra de cine de terror, con momentos ciertamente inquietantes.
CÓDIGO FUENTE (Duncan Jones). Ciencia-ficción de calidad, bien dirigida, una propuesta que por momentos es apasionante.
Duncan Jones ya nos deleitó hace un par de años con la estupenda “Moon”, premiada justamente en diferentes festivales, entre ellos el de Sitges, y ahora regresa con un producto más comercial pero igualmente sólido, por momentos brillante y desde luego le confirma como una de las presencias de referencia del cine fantástico contemporáneo.
En “Código Fuente” partimos de una premisa tan atractiva como familiar, ya que, en cierto modo nos remite a ese otro clásico (de la comedia, en este caso) como “Atrapado en el tiempo”: si allí Bill Murray veía cómo cada día se repetía y entraba en un bucle del que no podía escapar, aquí Jake Gyllenhaal dispone de ocho minutos que se le repetirán de manera extenuante hasta que descubra al culpable de una conspiración terrorista que viaja con él en un tren. Con una cuidada planificación y algunos planos deslumbrantes, Jones construye su película dentro de la industria sin renunciar a sus señas de identidad, con una imaginería visual que en algún momento nos retrotrae a su película anterior, una banda sonora precisa y un reparto donde los secundarios brillan tanto como el protagonista. Gyllenhaal da aquí el perfil perfecto para su personaje (alejado ya, por suerte, del “Príncipe de Persia”), mientras que Michelle Monaghan y Vera Farmiga encarnan a la morena y rubia respectivamente, el interés más romántico y el interés más profesional, mientras que Jeffrey Wright se encarga de construir el aspecto más oscuro de la historia.
Magnífica película de ciencia-ficción que nos hace ya desear la próxima entrega de este gran director.
EL ÁRBOL DE LA VIDA (Terrence Malick). A ver, esta película no se puede visionar en casa: es un must imprescindible para ver en pantalla grande. Aunque tiene momentos discutibles, hay escenas de gran belleza.
MISIÓN IMPOSIBLE: PROTOCOLO FANTASMA (Brad Bird). No, no es broma, es que Brad Bird lo hace muy, muy bien, y sabe cómo colocar la cámara en las escenas de acción. Magnífico ejemplo de buen de cine comercial.
© José Luis Ordóñez (texto), enero 2012
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
Attack the Block
Joe Cornish, guionista y director de Attack the Block, comentó en el pasado Festival de Sitges que siempre había tenido muy claro el concepto de banda sonora que deseaba para su película: “Si tuviésemos a John Williams y John Carpenter en una habitación y terminaran colocados… ¿qué música saldría?”. Y el planteamiento, en vista del resultado final, no pudo haber sido más acertado, ya que la película en sus cortes musicales une con acierto el calado emocional de Williams con el toque electrónico de Carpenter. Además, y ya que estamos con los mixes, Attack the Block podría ser el resultado de coger a Los Goonies y sumergirlos en el universo fascinante de Asalto a la Comisaría del Distrito Número 13, alejándonos del tono infantil de la producción Spielberg y acercándonos al universo más adulto de Carpenter, que, recordemos, suele estar cargado de esos personajes ambiguos que parecen mantenerse a una distancia equidistante del bien y del mal, y que, perfectamente, pueden empezar siendo villanos para terminar convirtiéndose en héroes.
Cornish, además, resulta ser un tipo gracioso, de esos que poseen la facilidad natural para el comentario ágil y lúcido, lo cual explica el humor presente en la película a lo largo de todo el metraje (dentro de lo posible, recomiendo verla en versión original), a pesar de tratar sobre la invasión de Londres por parte de una serie de extraterrestres capaces de matar sin un solo parpadeo (suponiendo, claro está, que estos aliens, diseñados por cierto de manera brillante y original, pudieran parpadear).
En la carpa de la FNAC que se colocó frente al Auditori en Sitges, Cornish comentó algunos aspectos de la película, desde su concepción hasta el rodaje, pasando por el proceso de casting (recordemos que el grupo de chavales protagonistas no tenía apenas experiencia alguna en el mundo del cine), pero lo que me llamó la atención es que, además, es un tipo cinéfilo que imagino ha debido ver “En busca del arca perdida” al menos doscientas o trescientas veces, ya que fue capaz de rememorar, no recuerdo ahora a cuento de qué, la famosa anécdota de rodaje en la que los principales protagonistas son Paul Freeman (el elegante y malvado René Belloq) y una mosca con afán de protagonismo que, en apenas un plano, demuestra la absoluta profesionalidad y talento del mejor villano que nos ha dado la saga de Indiana Jones. Creo que casi nadie de los allí presentes sabía de lo que estaba hablando este inglés bonachón (quizá pensaron que Cornish venía de la misma habitación que podrían haber compartido Williams y Carpenter), pero yo no pude por menos que esbozar una sonrisa, porque en cierto modo tranquiliza saber que hay gente tan loca como el que esto escribe, capaces de ver una película hasta la extenuación, descubriendo así anécdotas como la de la mosca (o la del reflejo fugaz del Pozo de Ánimas… ¿alguien sabe de lo que estoy hablando?).
Anyway, con un reparto de desconocidos donde sólo nos es familiar el rostro de Nick Frost, cómplice habitual de Simon Pegg en películas como Zombies Party o en la reciente Tintín de Spielberg (con guión, por cierto, del señor Cornish, al que imagino colaborando activamente con los otros dos guionistas de la película en el chiste más adulto, incorrecto y divertido de la adaptación de este mítico cómic), Attack the Block es de esas películas tan brillantes, bien hechas, tan enérgicas y bien escritas, que al salir del cine uno lo hace feliz, con las pilas cargadas y la convicción de que el séptimo arte aún tiene muchas cosas buenas que ofrecer. Sin duda, una película fantástica que en Sitges fue capaz de lograr eso que difícilmente se consigue: poner de acuerdo a crítica y público (o, dicho de otro modo, hacer que crítica y público se encierren en una habitación, se coloquen, y salgan de ella cogidos de la mano mostrando la hermosa sonrisa cómplice de un inesperado y unívoco rostro).
©José Luis Ordóñez (texto), diciembre 2011
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