jueves, 23 de abril de 2015
miércoles, 22 de abril de 2015
Rodaje en la radio con "The Beautiful Cádiz"
El pasado sábado 28 de marzo el director y escritor Rafael Sadoc y su equipo de rodaje estuvieron con nosotros en el estudio de "La Calle de Enmedio" —que, por cierto, según el EGM de abril de 2015, obtiene 208.000 oyentes y es el programa con mayor audiencia de Canal Sur Radio— grabando la última secuencia del largometraje "The Beautiful Cádiz".
Aquí dejamos un vídeo con un breve fragmento de la entrevista posterior y, por supuesto, aprovechamos para desearle al equipo toda la suerte del mundo en la fase de montaje y postproducción. Ya hay ganas de ver el resultado final.
Aquí dejamos un vídeo con un breve fragmento de la entrevista posterior y, por supuesto, aprovechamos para desearle al equipo toda la suerte del mundo en la fase de montaje y postproducción. Ya hay ganas de ver el resultado final.
sábado, 4 de abril de 2015
Fast&Furious 7
En
un momento determinado de la película, Kurt Russell — actor ya sesentón que en
los ochenta encarnó a personajes inolvidables como MacReady, Snake Plissken o
Jack Burton en las magníficas películas de John Carpenter, y que ahora rueda el
nuevo western de Quentin Tarantino—, elegantemente trajeado y con el pelo ya
encanecido y peinado hacia atrás como, digamos, el broker que interpretaba Michael Douglas en Wall Street, se coloca unas gafas de sol en medio de un tiroteo… un
tiroteo que, recordemos, transcurre durante la noche, en la oscuridad de lo que
parece el interior de una amplia y tenebrosa nave industrial. ¿Nos hemos vuelto
locos? Por suerte, sí. No tarda mucho el bueno de Russell en activar un pequeño
dispositivo en sus gafas que le va a permitir ver entre las tinieblas y, como
dirían los americanos, empezar a kick ass.
Son estos detalles, esparcidos a lo largo del metraje, bien en forma de líneas
de diálogo lapidarias o escenas de acción imposibles, los que hacen de Fast&Furious 7 un divertimento que
se beneficia del inevitable humor derivado del exceso, cómplice de un guión
loco cuya preocupación máxima es guiarnos a través de las sucesivas set-pieces y, en última instancia,
facilitar una despedida coherente para el personaje de Brian O’Conner,
interpretado por un Paul Walker que, como todos sabemos, falleció a finales de
2013, cuando aún faltaba media película por rodar.
Es
esta una saga curiosa: partiendo de un producto relativamente pequeño, como era
la primera entrega de Fast & Furious,
ya con Vin Diesel y el propio Walker encabezando el reparto, ha ido
evolucionando desde aquel ya lejano 2001 para acabar convirtiéndose en una
especie de Misión Imposible de
barrio, multirracial, con secuencias que se empeñan en desafiar de manera
continua al bueno de Sir Isaac Newton; es decir, lo que tenemos es una película
de equipo que necesita cumplir un objetivo, adornada, eso sí, con rasgos
propios que han caracterizado las diferentes entregas a lo largo de los años:
la lealtad, importancia de la familia y, por supuesto, la presencia de
espectaculares cuerpos de mujeres y vehículos.
Hay
importantes novedades en esta séptima entrega: en la silla del director aparece
James Wan, habituado a moverse con habilidad en el género de terror (Saw, Insidious
y The Conjuring), que aquí imprime un
dinamismo algo mayor a las secuencias, con una cámara más juguetona e inquieta
de lo normal; y en el reparto, además del mencionado Kurt Russell, la presencia
del mejor villano de la saga: el siempre hierático y sólido Jason Statham. No
es casualidad que la mejor escena de la película venga, pues, de la mano de
ellos dos, en ese arranque que es ya toda una declaración de intenciones:
trufado de violencia, un sentido acusado de la venganza y, de nuevo, la
exageración como camino inevitable hacia el humor, en unos minutos iniciales
que ya marcan de manera acertada el tono de la película.
Sin
embargo, lo más sorprendente no son las espectaculares (e imposibles) escenas
de acción o esas lacónicas frases que provocan la carcajada (pero que,
digámoslo también, funcionan) sino la inesperada emotividad de los momentos
finales. No es esta una saga con espacio para el drama, la sensiblería o lo
lacrimógeno. Aquí lo que predominan son los tiros, la adrenalina y las one-liners, siempre acompañados de
cuerpos esculturales y música rítmica y cañera. Pero es curioso cómo han
logrado cerrar de manera redonda la película (es irrisorio pensar que aquí
va a terminar una saga que ya está arrasando en los cines de todo el mundo) y
despedir en una misma escena a Paul Walker, actor, y a Brian O’Conner,
personaje, sin que chirríe o se vea forzada, en un doble adiós que mezcla
ficción y realidad —con un último plano que parece, por cierto, inspirado en el cartel promocional que diseñó un fan a principios de 2014—, todo un acierto, y, que recuerde, la única ocasión en la
que se ha hecho algo así en la historia del cine.
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