miércoles, 13 de mayo de 2026

"LANDA" (Gracia Querejeta & Miguel Olid) en MOVISTAR +


DEL LANDISMO A CANNES
Del Festival de Málaga a Movistar + pasando por las salas de CINE

El pasado 16 de abril asistimos al preestreno del documental "LANDA", de Gracia Querejeta y Miguel Olid, en los cines Odeon en Sevilla, en una sala llena de público que remató el final de la proyección con un sonoro aplauso; y justo antes de comenzar la película —quizá debido a una serie de acontecimientos personales y a la propia importancia de la figura de la madre en la vida de Alfredo Landa—, Miguel Olid tuvo tiempo de revelar a los presentes que lo que estábamos a punto de ver estaba dedicado "a las madres", las de los responsables de la propia película, sí, pero también a las de todos los que estábamos allí.
            Tras estar presente el pasado mes de marzo en el Festival de Málaga y pasar después por las salas de cine, llega también ahora a Movistar + este documental que tiene la habilidad de acercarse con mirada atenta y lúcida a uno de los grandes actores de nuestro cine: de esta manera, se entra de lleno en el denominado landismo, con voces críticas y voces que argumentan su defensa; se hace especial hincapié en "El puente" (1977), la estupenda película de Juan Antonio Bardem, y lo que supone en la carrera de Landa; nos detenemos en las grandes obras que brillan en su filmografía, como "El crack" (1981), "Los santos inocentes" (1984) o "La vaquilla" (1985); llegamos a los premios y homenajes; y, finalmente, también, encontramos un acercamiento a lo más personal, especialmente a través de sus hijos o de sus amigos, como José Sacristán, con el que comparte aventuras cinematográficas desde los años setenta. Se advierte a lo largo del metraje un admirable equilibrio entre la consideración de la obra más popular y venerada por el público y la que suscita la mayor admiración de la crítica; y ahí, justo en el centro, la propia figura de Alfredo Landa, consciente de esa dualidad, pero, sobre todo, de su oficio, uno que siempre ejerce con admirable dedicación, ya sea en un vehículo alimenticio o en un obra de mayor valor artístico.
            Se conjugan con acierto las enriquecedoras voces de José Sacristán, Miguel Rellán y Antonio Resines, a veces más hondas y profundas (Sacristán), a veces más melancólicas y emotivas (Rellán), a veces más irreverentes y humorísticas (Resines); se produce entre los tres una simbiosis que aviva e ilumina la pantalla y cala en el corazón del espectador. Es un lujo contar con todos ellos, que han trabajado con Landa, que lo conocían bien, y eso añade una perspectiva única que se ha sabido insertar en el desarrollo del documental.
            Además, estamos ante una obra elegante y con estilo. No escamotea información al espectador, habla de sus grandes enemistades en el mundo del cine y de sus polémicas (y maravillosas) memorias —que, bajo el título de "Alfredo el Grande", escribe Marcos Ordóñez, y acaba de reeditar Sílex editorial, con una edición a cargo del propio Miguel Olid— pero no ofrece carnaza. Está más interesado en el propio protagonista, un actor capaz de todo, en su perfil más humano, que en ahondar en las polémicas que surgen a su alrededor.
            Y añadiríamos que, además de ser elegante y poseer un innegable estilo, "Landa" es, incluso, osado, ya que se atreve a sugerir un relevo, proponer el nombre de un actor que fuera capaz en la actualidad de ocupar, por así decirlo, su puesto; pero lo cierto es que lo hace con cierto sentido, con cierta justificación, en lo que constituye una de las sorpresas del documental, tan inesperada como vitalista: en el fondo, Alfredo Landa sigue entre nosotros, no solo a través de sus películas, su familia y sus amigos, sino también a través de esos otros actores que ejercen su oficio entre el cine, el teatro, la comedia y el drama, y ante los que podemos encontrar ciertas similitudes, como si, en el fondo, el reflejo inmortal de Landa terminara iluminando a aquellos que lo buscan a través del espejo.
            Gracia Querejeta y Miguel Olid han logrando una obra admirable, que rompe moldes y no funciona como un simple documental al servicio general de la vida y obra del personaje en cuestión, uno de los mejores actores en la historia de nuestro cine; al contrario, se permiten dedicar más tiempo de metraje a aquellos temas que consideran de mayor interés, y apuntan solo los aspectos biográficos que les parecen relevantes. Así, llegamos al gran premio de interpretación en Cannes por "Los santos inocentes", pero también inciden antes en el landismo, en una valoración crítica que tiende a lo negativo, pero también ofreciendo voces que lo justifican.
            Del material de archivo recuperado destacan numeras entrevistas al propio Alfredo Landa, pero también a directores fundamentales en su carrera, como José Luis Garci o José Luis Cuerda; especialmente divertida, como no podía ser de otra forma, es la dedicada a Manuel Summers, cuando el director sevillano recuerda cómo dirigía a Alfredo Landa en "La niña de luto" (1964), en lo que fue su primer papel protagonista; un Summers que, por cierto, fue el objeto del anterior documental de Olid, "Summers el rebelde" (2024).
            De los entrevistados se admira la precisión y frescura de Marta Medina en sus comentarios sobre algunas películas o el movimiento del landismo; de Víctor García León su naturalidad y empatía a la hora de acercarse a Landa; de Luis Alegre sus recuerdos con el propio Landa, que, de repente, nos permiten imaginar esos momentos justo como si nosotros, como espectadores, también estuviéramos allí, y eso, de repente, nos abriera una nueva puerta a su particular universo; Oti Rodríguez Marchante tiene la doble capacidad de ser entrevistado y de aparecer en material de archivo, siempre con un comentario preciso cuando surge; María Bardem recuerda a su padre y es, también, una conexión con una parte fundamental de nuestro cine; Mikel Olaciregui se plantea cómo quedaría la producción española en aquellos años si elimináramos el landismo; Rosa Belmonte aporta una mirada cotidiana y certera, mientras que Enrique Cerezo es interesante tanto por lo que dice como por lo que calla (por ejemplo, eso de... yo me he llevado muy bien y muy mal con ciertas personas); finalmente, Alfredo Landa Imaz e Idoia Landa Imaz, los hijos de Alfredo Landa, aportan un perfil más personal e intimista sobre la figura de su padre, haciendo una clara separación entre la vida profesional y la vida familiar del actor. Por mi parte, un placer intervenir en una obra que no tiene miedo a dar voz a figuras diversas, plantear propuestas inesperadas y sorprender, permitiendo que la emoción surja de la pantalla y alcance el alma del espectador.
            Alfredo Landa es un lujo en nuestro cine y "Landa" se encarga de recordarlo de la mejor manera posible: a través de sus grandes películas, sí, pero también a través de las peores (el landismo), con sus premios, su trayectoria vital y familiar... y algo que crece en el tramo final del documental y que parece elevar la fuerza narrativa de la obra: la emoción de saber que Landa es eterno.
            No me quiero olvidar del decorado en blanco y negro, a cargo de la directora de arte Eva Rodríguez, con recortes de  personajes interpretados por Alfredo Landa, y que permanecen agazapados tras los entrevistados, siempre atentos... o de la extraordinaria banda sonora de Nerea Alberdi, entre melancólica y emotiva, quizá recordándonos a cada poco del metraje que, aunque él ya no esté, la grandeza de Landa siempre la encontraremos en sus interpretaciones, siempre vivas, siempre capaces de llegarnos al corazón.
            Quizá la única crítica que podría lanzarse al documental de Gracia Querejeta y Miguel Olid fuera su duración, ya que sus 70 minutos se hacen cortos; aunque también podríamos considerarlo como una virtud (y casi bendición) en los tiempos que corren: en un universo cinematográfico donde la extensión de las películas es cada vez mayor, esta obra de poco más de una hora condensa la grandeza y humanidad de una figura irrepetible y seduce al espectador, le deja con ganas de más y ansioso por regresar a algunas de sus grandes películas —regresar, o descubrir, por qué no—, esas que cimentan una carrera única. Porque, no lo olvidemos, lo del cine también es precisión.
            Como las miradas, los silencios, los gestos y la voz del gran Alfredo Landa.

J.L. Ordóñez


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