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miércoles, 23 de mayo de 2018

Películas magníficas desterradas de las salas de CINE

Es evidente que los modelos están cambiando, así como las costumbres de consumir material audiovisual. Aun así, es doloroso comprobar que tres de las películas más interesantes de los últimos tiempos no han podido disfrutarse en las salas comerciales.


El primer largometraje escrito y dirigido por S. Craig Zahler, el estupendo wéstern Bone Tomahawk (USA, 2015), ya tuvo un estreno, podríamos decir, técnico: en muy pocas salas y sin capacidad de generar el éxito comercial que se merecía. Ahora, con su segunda película, Brawl in Cell Block 99 (USA, 2017), ni siquiera ha tenido eso y ha pasado directamente a alquiler y edición en Blu-Ray. Lástima. Porque es una película magnífica, brutal (en todos los sentidos) y con una asombrosa capacidad para atrapar al espectador a través de sus personajes. La escena de arranque, donde el protagonista (un estupendo Vince Vaughn) pierde su empleo y su mujer (recuperamos a Jennifer Carpenter, una actriz con un rostro y físico plenamente cinematográficos) le confiesa que tiene una aventura, es ya toda una declaración de intenciones, una muestra visual que define a la perfección quién es nuestro (anti) héroe, un tipo fuerte y violento pero, como vemos, también capaz de canalizar esa violencia. A lo largo de la trama, un descenso a los infiernos aterrador y asfixiante, tienen su pequeño momento de gloria Udo Kier y Don Johnson, que, como todo el cast, han sido elegidos a la perfección. Es fácil suponer por qué no se ha estrenado esta película: la violencia explícita del último tramo no parece compatible con las generaciones de vengadores marvel que ocupan las multisalas ni con los sesudos admiradores de cine independiente. Sin embargo, esta es una obra que perdura, que llega, impacta (también por la violencia explícita y el humor negro) y, en algún momento, hasta duele.


Aniquilación (UK, 2018) es el segundo trabajo dirigido (también escribe el guion, basado en la novela de Jeff VanderMeer) por Alex Garland tras la estupenda Ex Machina (UK, 2015) y, de nuevo, ofrece una muestra de ciencia ficción inteligente, que hace pensar al espectador y le invita a unir e interpretar la información para extraer sus propias conclusiones. Una obra con sólida presencia femenina en el cast, donde destacan Natalie Portman y Jennifer Jason Leigh, que inquieta y seduce, y donde es difícil aventurarse a comentar sus tramos más importantes sin entrar en el temido terreno de los spoilers. En cualquier caso, uno no duda en afirmar que el efecto hipnótico de Aniquilación (y su poco esperanzador mensaje sobre la especie humana) se hubiera multiplicado al proyectarse en una gran pantalla de cine.


Tanto S. Craig Zahler como Alex Garland venían de dirigir dos estupendas óperas primas, mientras que en Wind River (USA, 2017), la tercera película desterrada de salas de cine que tratamos en este breve texto, su director y guionista Taylor Sheridan llegaba de escribir dos largometrajes extraordinarios: Sicario (USA, 2015), de Denis Villeneuve, y Comanchería (USA, 2016), de David Mackenzie, para enfrentarse ahora, después de un debut olvidado en la dirección con Vile (USA, 2011), a la prueba de fuego de ver si su dirección mantenía el alto nivel ofrecido en sus recientes guiones. Y hay que decir que supera el reto con nota. Con diferentes premios y menciones a mejor director en la temporada de premios, Wind River (escrita también por él mismo) es una película sólida, potente, con un cierto estilo clásico y un reparto encabezado de manera solvente por Jeremy Renner y Elizabeth Olsen, aquí mucho más interesantes que en sus intervenciones en las películas de la Marvel. Además, y sin adentrarnos en el argumento ni en la resolución de la historia, hay que decir que esta película contiene, sin duda, el mejor flashback de los últimos tiempos: por cómo se ejecuta la escena, por cómo se ubica en la historia y por la elección de los actores, uno de ellos en particular.

¿A qué reflexión nos lleva esto? A que el estreno en salas ya no determina la calidad de las películas. Hay grandes obras cinematográficas que nos vamos a ver forzados a disfrutar por otros medios, ya sea en canales de televisión, plataformas como Netflix o en formato físico. El lado bueno de todo esto es que demuestra que aún se hace un cine adulto, reflexivo e irreverente. Les recomiendo estos tres largometrajes y que, al menos, los disfruten como los disfrutarían en una sala de cine: a oscuras y sin interrupciones hasta el último plano. Buen viaje.

viernes, 13 de enero de 2017

LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2016

Sorprendentemente, tres westerns y un documental encabezan lo mejor de 2016 visto en cines. No en móviles, iPads, ordenadores o pantallas planas. En SALAS DE CINE. Aquí tienen mis 10:


-BONE TOMAHAWK. Qué quieren que les diga: vista en pantalla grande, en una sala repleta de público, este western no tiene rival. Genera reacciones contrapuestas, de admiración y repulsa, pero estamos ante cine de quilates con momentos deliciosos y un soberbio reparto encabezado por Kurt Russell y un magnífico Richard Jenkins. Violenta, áspera, con un inesperado humor negro y un extraordinario final. Para aplaudir.


-LOS ODIOSOS OCHO. Tarantino vuelve a ofrecernos una prodigiosa muestra de cine que aglutina diferentes géneros para ofrecernos algo nuevo: su propio y particular género tarantiniano. Es western, sí. Es policíaco, sí. Es un remake encubierto de “La cosa” de John Carpenter. En cierto modo, sí. Fotografía deliciosa y magnífico score de Ennio Morricone, con un repartazo donde de nuevo, y en otro western en el mismo año, aparece Kurt Russell, en este caso junto a Samuel L. Jackson y Jennifer Jason Leigh, entre otros.


-COMANCHERÍA. Una de las sorpresas del año, con guión de Taylor Sheridan, autor de la también brillante “Sicario”. Mitad western, mitad cine negro, cuenta con el dios Jeff Bridges y los magníficos Ben Foster y Chris Pine. Una delicia noir para paladares exigentes.


-SUPERSONIC. Parte de la grandeza de un documental es recuperar el momento, hacer al espectador partícipe de lo que describe. Esto lo ejecuta con precisión emotiva SUPERSONIC, el documental de Mat Whitecross sobre el fulgurante acceso a la cima de la música del legendario grupo Oasis, centrado en la relación amor odio de los hermanos Gallagher.


-SPOTLIGHT. Cine premiable y merecidamente premiado. Un magnífico cast y una dirección sólida al servicio de una historia que nos mantiene atrapados desde el principio hasta el final. Ejemplar.


-EL REGALO. Extraordinario thriller: inquietante, realista y contundente, con una temática de actualidad y que hace reflexionar una vez finaliza la proyección. Joel Edgerton lo hace todo bien: guión, dirección e interpretación.


-DOS BUENOS TIPOS. Cine negro, humor y acción en una película que parece haber sido rodada en los 80. O, al menos, con ese tono desenfadado, violento, con humor y una inspirada e improbable pareja protagonista formada por Ryan Gosling y Russell Crowe. Y todo gracias a alguien nacido cinematográficamente en los 80, claro: Shane Black, uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood.


-CAFÉ SOCIETY. Es el Woody Allen de 2016. Y, como suele suceder, magnífico, aunque esta historia hermosa y desoladora no haya suscitado el entusiasmo de otras películas. El último plano, una absoluta lección de cine.


-CALLE CLOVERFIELD 10. Menos es más. Concebida como una (secreta) secuela de “Cloverfield” (aquí llamada “Monstruoso”), es un brillante ejercicio de narrar el (post) Apocalipsis entre cuatro paredes. John Goodman, estupendo.



-ROGUE ONE. Aunque no se anuncie así, estamos ante la mejor precuela del universo Star Wars, con un tramo final espectacular. Brillantes secundarios como Mads Mikkelsen o Ben Mendelsohn acompañan a otros recreados a través del CGI. Star Wars se expande. En calidad, también.