"Madness!", exclama uno de los personajes al final de "El puente sobre el río Kwai", al contemplar aterrado la muerte a su alrededor. Película bélica, con aventuras, drama y pinceladas románticas y humorísticas, se suele considerar una de las grandes superproducciones dirigidas por David Lean, y con razón (el encuadre y la planificación brillan de manera evidente), pero su grandeza (o, al menos, otra de ellas) está en cómo muestra de manera verosímil algo tan natural e inherente como la contradicción humana: de la belleza a la destrucción, de la lealtad a la traición, de la vida a la muerte. Su final, ese que conduce al citado "Madness!", es irrepetible en su forma (puntos de vista alternos, planos generales, acción/reacción...) como en sus temáticas de fondo (obsesion, vanidad, fidelidad, traición, el sinsentido de la guerra...). William Holden y Jack Hawkins están estupendos, pero lo de Alec Guinness es de otro planeta, y se lleva, sin duda, los mejores y más emotivos momentos de la película. Obra maestra incontestable. El CINE era esto.
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