En la sesión de ayer en "Gente de Andalucía" en Canal Sur Radio tuvimos un menú cinematográfico de lo más variado: empezamos recordando al gran Michael Curtiz y después pasamos a hablar de la oferta en diferentes plataformas, comentamos algunas noticias cinéfilas y estrenos de cine para ver en casa, entre otras cosas. Aquí les dejo con quince minutos dedicados al Séptimo Arte. Seguimos. Desde casa, por supuesto.
domingo, 12 de abril de 2020
jueves, 9 de abril de 2020
Póker de CINE (4)
Imposible verla hoy con los ojos tranquilos de su estreno, cuando todos parecíamos a salvo de algo así, pero "Contagio" sigue siendo sólida, fría, coral y despiadada, con dos elementos que unen sus historias y fotogramas: el propio virus, más letal que el que ahora ha cambiado nuestras vidas, y la música conductora de Cliff Martínez, tan eléctrica y martilleante como hipnótica y adictiva (inevitable pensar en su trabajo para la excelente serie "The Knick", también de Steven Soderbergh). Y sí, como no podía ser de otra manera, sobrecogen los paralelismos con todo lo que sucede ahora. Si aún no la han visto, la tienen en HBO. Curioso lo que escuché el otro día a J.A. Bayona en televisión, donde comentaba que, al parecer, se ha cambiado el género de la película en IMDB: de ciencia-ficción ha pasado a drama. Lógico.
Que "Domino" (Dinamarca, 2019) es una película fallida y con diversos problemas es algo que el propio director, Brian De Palma, ha deslizado por ahí en alguna entrevista, resultado, tal vez, de los aireados problemas de producción (que, por cierto, trajeron su rodaje a Andalucía). Pero no vamos a hablar de eso aquí, sino de esa escena, ESE plano, que, de repente, te recuerda que hay un tipo ahí fuera (De Palma) con un enorme talento visual y que hace años fue desterrado por Hollywood. En un momento dado de este thriller (donde, por cierto, Guy Pearce parece disfrutar en cada escena), su protagonista abandona el dormitorio y deja a su novia en la cama. Todo es un único plano picado que parte de plano general, donde observamos el tira y afloja de la pareja (él tiene que ir a trabajar, y ella quiere que él se quede), en una escena que parece intrascendente; sin embargo, un zoom lento (creo recordar) nos aproxima a la escena, la chica queda fuera de campo y nuestro protagonista, un agente de la ley, también termina haciéndolo. El plano se va cerrando poco a poco hasta que, finalmente, se queda en el detalle de la pistola que Nikolaj Coster-Valdau (el Jaime Lannister de "Juego de Tronos") olvida. Aquí tenemos, pues, a un director jugando con el espectador y diciéndole: "Prepárate, que si te muestro esto no es por capricho, sino porque va a tener una función fundamental en la trama". Al final de la película hay otra secuencia en una plaza de toros de Almería donde De Palma crea (o, más bien, quiere crear) una de sus grandes set-pieces; por momentos, lo logra, pero uno tiene la inevitable sensación de que la falta de presupuesto se nota e impide que encuentre la grandeza que, sin duda, apunta en varios momentos. Película curiosa con reparto internacional (y muy de "Juego de Tronos"; además del ya apuntado Coster-Valdau, está Carice Van Houten), fotografía de José Luis Alcaide y música de Pino Donaggio. Solo por los momentos comentados, merece la pena.
Hay películas que, desde su primer plano, sugieren que vamos a presenciar una buena obra de ficción. Es el caso de "Ha llegado un inspector" (1954, UK), en la que tenemos un inicio con plano fijo de una mesa y sus cinco integrantes, sin que veamos sus rostros. Parecería como si, de esta manera, se dispusieran las piezas de un juego de mesa... piezas que, por supuesto, aún no conocemos (y ya deseamos conocer). Hay muchas cosas destacables en esta película en glorioso blanco y negro: el guion de Desmond Davis (décadas después director de la ochentera "Furia de titanes") sobre la obra de teatro del dramaturgo y novelista J.B. Priestley; la sólida dirección de Guy Hamilton (que terminaría dirigiendo varias entregas de la saga del mítico James Bond), con una planificación que aprovecha el espacio reducido en el que se desarrolla la mayor parte de la trama; o, claro, el protagonismo de ese inspector que llega al que da vida de manera brillante Alastair Sim (su irrupción en escena, por ejemplo, es tan brusca como sorprendente e inolvidable). Planteado como un "whodunit", el largometraje bucea después en aspectos más ambiciosos: las consecuencias de nuestros actos en las vidas de los demás, por muy leves o intrascendentes que nos parezcan, la escasa capacidad de aprendizaje del ser humano o su dificultad para empatizar con situaciones completamente diferentes a las que cada uno vive. El estreno de la obra de teatro original en suelo inglés fue en 1946, y contó en su reparto con Ralph Richardson, como ese inspector que llega, y Alec Guinness en el papel de Eric, el hijo de la familia que esconde algo en su pasado de vital importante para la trama. Una de las múltiples versiones montadas en España fue la emitida por Estudio 1 (TVE) en 1973, y en cuyo plantel se encontraba Narciso Ibáñez Menta.
Menuda exhibición actoral hace Richard Attenborough en "El estrangulador de Rillington Place" (UK, 1971): desde el mismo comienzo, con esos ojos grandes y azulados que se vislumbran tras la ventana de su casa, y hasta su conclusión (con un espeluznante plano en el que se congela su rostro en primerísimo término), uno pensaría que, ante tal portento, el resto del reparto quedaría ensombrecido. Pero, ah, entonces aparece un joven John Hurt que borda un personaje analfabeto, de pocas luces y fácilmente manipulable. Y dejándolos moverse y respirar, el director Richard Fleischer cambia el registro más tradicional y festivo de otras obras, y aquí se pone serio, realista, para convertirse en un gélido y distante observador de los macabros hechos que se suceden, con un planificación que potencia ese "Basado en hechos reales" con el que abre el largometraje. Menuda pieza para arrancar la década de los 70, tan despiadada como realista, tan brillante en su planificación como angustiosa en su desarrollo. Estupenda.
martes, 7 de abril de 2020
Cien mil oyentes (EGM abril 2020)
En estos tiempos del coronavirus todo lo demás parece secundario, pero lo cierto es que ayer salieron a flote los datos del primer EGM de este 2020, y los resultados para "Gente de Andalucía" (Canal Sur Radio) han sido buenos: casi llegamos a los 100.000 oyentes. Todo un lujo contar con esa audiencia y seguir colaborando cada sábado para hablar de CINE en este programa del fin de semana que capitanean Pepe Da-Rosa y Ana Carvajal.
En las últimas semanas hemos dedicado especiales a películas que tienen lugar en espacios cerrados, en espacios abiertos y a aquellas vinculadas a la palabra "casa", todos muy pegados a la actualidad que nos toca vivir en estos tiempos. Aquí tienen opción de escuchar los últimos programas, donde, además de cine, tienen buenas dosis de humor, historia, música, filosofía, tecnología, gastronomía, literatura... y muchas cosas más:
Y, por supuesto, seguimos haciendo el programa desde casa:
martes, 31 de marzo de 2020
Póker de CINE (3)
Ver en 2020 "Impacto", un largometraje de 1981 (la traducción al español de "Blow out" nos impide la referencia a "Blow up" de Antonioni), es la constatación de un cine que ya no se hace: es un thriller, sí, pero se toma su tiempo para presentar y desarrollar personajes (un Travolta condenado desde el comienzo a encontrar el grito perfecto para esa low budget movie en la que trabaja), y es una película de Brian De Palma, esto es, un señor capaz de darle protagonismo a lo audiovisual por encima de cualquier cosa. Hay escenas y momentos memorables: la conclusión, que no revelaremos aquí para evitar el temido destripe; Travolta comprobando en su oficina que alguien ha husmeado en su material, con una secuencia mareantemente brillante; esos planos detalle y generales enfocados en el mismo encuadre; la cámara lenta con la música de Pino Donaggio a toda máquina; los planos cenitales, justificados e hipnotizantes; los trávelin circulares... ¿En definitiva? El talento de la técnica y el manierismo audiovisual al servicio de una buena historia donde un técnico de sonido cree descubrir un asesinato. Además del propio Travolta, muy alejado aquí de su explosiva irrupción bailonga y musical pocos años antes en el mundo del cine, también destacan Nancy Allen, que venía de trabajar con el propio De Palma en "Vestida para matar" y, de manera más breve, dos secundarios siempre inmensos: Dennis Franz y John Lightgow.
Nos ha dejado Stuart Gordon, el director de esta pequeña joya macabra de los 80, rodada exclusivamente en interiores y con secuencias memorables (de humor y terror), desde los créditos que parodian sin tapujos la banda sonora de "Psicosis" hasta el cierre con ese líquido verde en jeringuilla dispuesto a... reanimar, claro. Llegó a trabajar con David Mamet en un montaje de "Sexual Perversity in Chicago" y fue director en la serie de televisión "Masters of Horror" de Mick Garris. Tuve ocasión de asistir a una master class suya en Sitges hace años. Divertida y estimulante. Buen tipo.
Película que demuestra lo saludable que es quedarnos en casa en estos tiempos, frente a la imprudencia de salir al exterior. En el ámbito cinematográfico, la estructura es el músculo que da fuerza a este largometraje australiano escrito y dirigido por Damien Power; también la dosificación de información, el montaje de escenas, que provoca preguntas y genera interés, y, finalmente, el conflicto inesperado, aunque natural, entre los personajes principales. Obra que demuestra que siempre hay una nueva forma de aproximarse a una historia mil veces contada; se disfrutó (y sufrió, según se mire) en festivales como Sundance o Sitges.
Las películas de Sherlock Holmes con Basil Rathbone y Nigel Bruce son una delicia; más allá de si son mejores o peores, tienen un encanto derivado del blanco y negro, los decorados y las tramas (más o menos inocentes). "Sherlock Holmes en Washington", dirigida por Roy William Neill en 1943 y quinta de las catorce que componen esta saga, lleva al mítico detective a América, tal y como subrayaba la publicidad de la época, y, entre otras cosas, demuestra que tan solo unas cerillas son capaces de mover la historia hasta un final de lo más satisfactorio, que, por cierto, incluye una escena en coche, con entrañable transparencia del Capitolio de Washington, donde Holmes recita unas palabras del mismísimo Winston Churchill. Estábamos en plena Segunda Guerra Mundial.
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lunes, 30 de marzo de 2020
#TEATROPARAUNACRISIS / "DRÁCULA en su CASTILLO"
Una serie de autores (Rafael Portillo, Alfonso Zurro, Antonio Estrada...) y autoras (Carmen Pombero, Mercedes León, Isabel Martín Salinas...) hemos participado en la propuesta del Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía para escribir obras breves que, de algún modo, estén relacionadas con la crisis del COVID-19. Cada uno, a su manera, ha elaborado su propia historia, que ahora pueden disfrutar en la página web del centro. Mi propuesta lleva por título "Drácula en su castillo", y cuenta con portada e ilustraciones de Álvaro Delso.
"DRÁCULA en su castillo"
viernes, 27 de marzo de 2020
Día Mundial del TEATRO 2020
La crisis del COVID-19 ha llegado de manera inesperada para todos. También para el teatro, claro. Qué extraño celebrar un "Día mundial del teatro" con librerías y teatros cerrados. Sin embargo, aún podemos seguir leyendo y escribiendo teatro en casa: imaginar nuevas historias, leer apasionantes clásicos o, tal vez, recuperar algunas representaciones en televisión o de manera on-line. Sirva como recuerdo el escaparate que librería Picasso en Granada montó hace justo dos años, con nuestro libro "Siete piezas de teatro breve" (El Sendero, 2017) en ilustre compañía, y las palabras del dramaturgo Shadim Nadeem en su mensaje para el día mundial del teatro de este 2020: "(...) Necesitamos luchar contra la apatía, el letargo, el pesimismo, la avaricia y el desprecio por el mundo en que vivimos, por el planeta en el que vivimos. El teatro tiene un papel, un papel noble, debe dinamizar y hacer avanzar a la humanidad, ayudarla a levantarse antes de que caiga en un abismo(...)". Antes, ahora y siempre.
martes, 24 de marzo de 2020
Póker de CINE (2)
Si uno empieza a ver "El silencio de los corderos" está condenado a terminarla. Da igual que la hayas visto antes treinta veces porque, al final, como sucede con el buen cine y los buenos libros, uno se olvida de la técnica, del artificio, y queda sumergido en la historia. En las buenas historias. Como debe ser. Hay muchas cosas que destacar en este largo de Jonathan Demme: la dirección (esos subjetivos, esos trayectos al encuentro de Lecter...), el guion (cómo dosifica la presencia de los villanos, cómo estructura toda la historia... y cómo nos engaña), la banda sonora (Howard Shore nos agarra del pescuezo desde los créditos iniciales y no nos suelta hasta el final) y los actores (qué decir de Foster, Hopkins, Glenn, Levine...). No todo el mundo recuerdo los cameos: Chris Isaak y Roger Corman en papeles brevísimos pero con frases. Y ese final: "I'm having an old friend for dinner". Maravilloso Lecter en la última conversación telefónica, con el sombrero blanco y el paseo que le conducirá, sin duda, a un sabroso encuentro. Extraordinaria.
La primera época de John Landis es magnífica. Ahí encontramos, por ejemplo, la estupenda "Cuando llega la noche" (1985), con un Jeff Goldblum que parece nacido para interpretar a ese insomne infeliz en su matrimonio que, ojo, salva la vida a una deslumbrante Michelle Pfeiffer, perseguida por cuatro tipos con ganas de matarla (entre ellos, el propio Landis). Multitud de actores conocidos en papeles breves (Dan Aykroyd, Richard Farnsworth, Vera Miles, Irene Papas...), y cameos insólitos, como los de los guionistas Lawrence Kasdan ("En busca del arca perdida") o Carl Gottlieb ("Tiburón") y los directores Roger Vadim o David Cronenberg, entre otros. Comedia de corte clásico, con acción y sangre desprejuiciada, que te deja con buen sabor de boca y te lleva a querer recuperar otros clásicos de Landis de la época, como "Desmadre a la americana", "The Blues Brothers" o "Un hombre lobo americano en Londres".
Es un wéstern donde en lugar de diligencias y caballos hay vehículos a motor, es cine negro en color donde las réplicas y contrarréplicas buscan el ingenio en medio del artificio, es una película de capa y espada donde predominan las chupas de cuero y las navajas, es un musical con canciones que funcionan como secuencias de conciertos, es una película de 1984 con Willem Dafoe, Diane Lane y Michael Paré. Walter Hill, su director y co-guionista, es honesto y desde el comienzo ya planta lo que vamos a presenciar: un espectáculo cool, de rock (no solo musicalmente hablando) y violencia llameante, de princesas secuestradas y héroes solitarios, de barman punk (inolvidable Bill Paxton) y heroínas inmensas (Amy Madigan, que se llevó el premio a mejor actriz en el Sitges de aquel año) y alguna sorprendente aparición, como la de Ed Begley Jr. ¿En definitiva? "Calles de fuego" es una película única, ajena a todo lo demás, con una personalidad arrolladora y unos fotogramas que te arrastran a una deliciosa fábula rockera, tal y como rezaba el propio slogan, lo que constituye, sin duda, una de las grandes películas de Walter Hill.
Película en blanco y negro, con inevitable encanto y un cierto aire beatlemaníaco en la banda sonora que delata su fecha de producción, en el arranque de la década de los 60, "El tren de las 4:50", dirigida por George Pollock sobre la novela de Agatha Christie, se ve con agrado: uno asiste con placidez al crimen (desde un tren hacia otro tren), el plan que idea y ejecuta Miss Marple, el desfile de sospechosos y el desenmascaramiento final del culpable. Mi mayor problema con este largometraje quizá resida en que, cada vez que veo a la protagonista, una estupenda Margaret Rutherford, no puedo evitar el pensamiento de que, en realidad, no es ella, sino el camaleónico Alec Guinness disfrazado de mujer, en un nuevo y arriesgado tour de force.
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