miércoles, 1 de marzo de 2017

TRAINSPOTTING 2 (Danny Boyle)

Las piernas siguen moviéndose con rapidez, pero ya no son las de un joven veinteañero sobre el húmedo y salvaje asfalto de un gris y frío Edimburgo, sino las de un cuarentón sobre la domesticada cinta de un gimnasio de colores cálidos y luminosos; atrás queda la explosiva juventud que busca comerse el mundo (y la heroína) para adentrarnos en el inestable y oscuro territorio de la mediana edad donde la única certeza es que nada tiene unos cimientos demasiado profundos y la fuerza es más limitada, hasta el punto de evidenciar que esa misma cinta de gimnasio es capaz de poner a prueba la salud de nuestro protagonista. Así, el comienzo trepidante y explosivo de la original "Trainspotting" (1996, Danny Boyle) deja aquí paso a un prólogo con ecos del pasado donde muestra que ya nada es (ni será) lo mismo.



"Trainspotting 2" (2017, Danny Boyle) cuenta con el mismo equipo creativo en dirección, producción y guión, y está inspirada en la secuela que Irvine Welsh escribió a su propia novela, recuperando al fantástico cuarteto protagonista veinte años después del original. La nostalgia que surge en la historia lo hace desde los propios personajes, conscientes del pasado que han vivido juntos y del deseo de reencuentro, por diferentes motivos, pero también desde los espectadores, que recuerdan ese pasado (y quizá el de ellos mismos cuando vieron la propia película); unos y otros encuentran consuelo y satisfacción en los numerosos recordatorios que hay a lo largo del metraje a la película original: más que un recurso conveniente, parece algo inevitable, ya que es imposible desconectarnos de aquellos jóvenes de los noventa (ellos y nosotros), y aunque aquí entroncamos con una nueva historia, es el pasado el que guía las decisiones y reacciones de los protagonistas, lo que permite reflexiones desoladoras, como la del propio Renton, que padece una enfermedad cardíaca que le lanza a la cara una verdad en principio positiva (podría vivir hasta treinta años más), pero después inquietante, cuando él mismo reflexiona sobre su incapacidad para saber qué hacer con su vida más allá de los próximos dos o tres años.



Comedia y drama se alternan con el habitual dinamismo que Danny Boyle imprime a sus películas, con la música y el montaje agilizando y potenciando la trama, recuperando relaciones y traiciones entre los personajes, más perdidos que otra cosa, cuando no obcecados en la venganza, el suicidio o negociosos de dudosa legalidad.



Empezábamos escribiendo sobre la operación nostálgica que suponía la película, como catarsis para los propios personajes y para el público, ávidos de recrear momentos pasados y dar con esa juventud que, inevitablemente, ha quedado atrás; nostalgia, sí, pero hasta cierto punto: el último plano, magistral, muestra a Renton en esa misma habitación que en la primera parte le salva de su adicción a la heroína, ahora escuchando al completo el vinilo que ha hecho amago de poner anteriormente y en el que suena el clásico tema “Lust for life”, iniciando un baile que culmina el ejercicio nostálgico y que Boyle filma en un plano único que retrocede lentamente, alejándose, hasta que la realidad se distorsiona y la figura de Renton y  su habitación desaparecen, confirmando que el ejercicio nostálgico por sí solo no vale, porque al final, para no desaparecer, justo como esa habitación distorsionada, la única solución es mirar hacia el futuro.




jueves, 16 de febrero de 2017

ONE



 

“Writing is a lonely job. Even if a writer socializes regularly, when he gets down to the real business of his life, it is he and his type writer or word processor. No one else is or can be involved in the matter.”

Isaac Asimov
 


sábado, 4 de febrero de 2017

MÚLTIPLE (M. Night Shyamalan)

(advertencia: contiene spoilers)

El cine de M. Night Shyamalan tiene estilo y personalidad, y aunque es ciertamente posible que sus películas no conecten con todos los espectadores, que incluso los enfurezcan, es innegable su talento visual a la hora de crear historias originales que, cuando funcionan, llegan a lo más alto. Ahora acaba de estrenar “Multiple” (“Split”, 2017), un largometraje que prolonga esa publicitada resurrección iniciada en su anterior obra, “La visita” (“The visit”, 2015), a la que no es ajena su nueva relación con Blumhouse y el productor Jason Blum, especialista en presupuestos reducidos y grandes taquillazos (la lista es impresionante, especialmente dentro del cine de género: “Paranormal Activity”, “The Purge”, “Insidious” etc.).


En “Múltiple” nos reencontramos con esa manera tan reconocible de contar historias en la filmografía del director: una idea ingeniosa (¿Y si… la gente dañada fuera en realidad la más poderosa?), una serie de pistas hábilmente distribuidas por el metraje que conducen a una verdad (el poder de la mente es capaz de alterar el cuerpo humano) y un tercer acto donde todo se resuelve acorde a lo sugerido con anterioridad (por un lado, la transformación de Kevin en “La Bestia”, su personalidad número 24, por otro, la supervivencia de la chica protagonista; ambos dañados y ambos, como vemos, cada uno a su manera, poderosos y supervivientes).


Además, no podemos ni mucho menos olvidar el extraordinario epílogo que se oculta tras el título final de la película: en una breve escena ubicada en un bar donde escuchamos las noticias en televisión, los clientes comentan el curioso nombre que se le ha dado al criminal fugado, “La Horda”, derivado de su trastorno de personalidad múltiple. Entonces, una mujer recuerda que hace años hubo otro loco asesino al que también se apodó de forma original. “Mr. Glass”, dice al final de la barra el hombre que hay a su lado, oculto hasta ese momento. Es David Dunn, interpretado, claro, por Bruce Willis. Y entonces comprendemos que, en realidad, hemos asistido a una película que funciona como preparación y suculento anticipo para la esperada secuela de la magnífica “El protegido” (“Unbreakable”, 2000), en toda una pirueta narrativa que no hace sino entusiasmarnos ante esa futura película donde se producirá el esperado choque de trenes entre el superhéroe (Bruce Willis) y el supervillano (James McAvoy), donde, además, es de esperar que Mr. Glass (Samuel L. Jackson), aunque encarcelado, tenga una presencia reseñable.


Lo malo de todo esto es que, precisamente, lo mejor de “Split” no está en “Split”, sino en lo que sugiere y anuncia, de una manera mucho más brillante e inteligente, por ejemplo, que cualquier escena post-créditos de la Marvel.

Hay varias elementos propios del estilo de Shyamalan en su nuevo thriller; por ejemplo, el repetido uso de flashbacks en la narrativa, aquí forzosamente explicativos y que, de inmediato, ponen al espectador en guardia: ¿por qué en una situación de tensión, como es un secuestro, empezamos a ver imágenes de cuando la protagonista era una niña? ¡Ah, claro, porque esto va a tener una importancia fundamental en la historia!, pensamos de inmediato. Y ahí es, precisamente, donde queda al descubierto el artificio. En “Señales” el uso de los flashbacks era mucho más justificado y orgánico: hacía referencia a otra tragedia personal, en este caso del personaje que interpretaba con solvencia Mel Gibson, y que había provocado un gran cambio en su vida: la pérdida de la fe. Después se revelaba más información, fundamental en la película, y funcionaba armoniosamente para la resolución del conflicto interno (pérdida de fe) y conflicto externo (amenaza de extraterrestres); parece que en “Múltiple” Shyamalan se aproxime a esa misma estructura, pero todo suena más forzado, y eso, inevitablemente, nos arroja fuera del campo de la verosimilitud… ¿o es que quizá nos hemos acostumbrado a su forma de contar y hemos aprendido a detectar sus trucos?


En cualquier caso, he de confesar que la película funciona mejor en un segundo visionado: es posible que, consciente de la decepción de la primera vez, uno hile y justifique mejor sus debilidades, encontrando de esa manera una razón a escenas que antes creía repetitivas e innecesarias. Y, sobre todo, se puede disfrutar de su maestría en la dirección: a fin de cuentas, estamos ante un medio visual, y no es lo mismo que un fragmento del guión (más o menos satisfactorio) se resuelva con una torpe y mediocre planificación a que se componga con lenguaje plenamente cinematográfico, y por todo ello no descarto que, en un tercer visionado, “Múltiple” se vaya acercando a la extraordinaria trilogía que forman “El sexto sentido” (1999), “El protegido” y la que es, tal vez, su gran obra hasta el momento, “Señales” (“Signs", 2002).




viernes, 27 de enero de 2017

Cine y escritura en el ABC de Sevilla


El mundo del cine y la escritura se dan cita en el artículo "Una de... ESCRITORES", que aparece hoy en ABC de Sevilla (27/1/2017) y viene firmado por Miguel Olid. 


Es todo un placer que, a pesar del tiempo transcurrido, se recuerden "De vuelta a casa" (cortometraje) y "Madera podrida con un clavo oxidado" (novela), dos obras de las que estoy especialmente orgulloso, y además se haga en compañía de, entre otros, gente como Juan de Dios Garduño (que irrumpe en el mundo del cortometraje con "Fe") o Julio Fraga (director de "La grieta, entre animales salvajes", este fin de semana en el Teatro Central).


jueves, 26 de enero de 2017

SUPERSONIC en la revista literaria ALDABA


En una nueva colaboración cinematográfica con los compañeros de la revista literaria Aldaba, que recientemente cumplió diez años de sólida trayectoria, escribimos en el número 32 (invierno 2017) sobre el magnífico documental SUPERSONIC (Mat Whitecross, 2016), que muestra el origen de la mítica banda británica OASIS hasta llegar pocos años después a su momento de máxima popularidad. Aquí les dejo una muestra.



lunes, 23 de enero de 2017

Nueva entrevista


Se me había pasado por alto esta entrevista que me hicieron con motivo de la pasada Feria del Libro de Bormujos (Sevilla), que tuvo lugar el pasado mes de noviembre, donde estuvimos presentado mi libro "De humanos y otros monstruos". Aquí la recupero, junto este link donde tienen acceso a más información sobre otros compañeros que también dieron a conocer allí sus obras:

viernes, 13 de enero de 2017

LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2016

Sorprendentemente, tres westerns y un documental encabezan lo mejor de 2016 visto en cines. No en móviles, iPads, ordenadores o pantallas planas. En SALAS DE CINE. Aquí tienen mis 10:


-BONE TOMAHAWK. Qué quieren que les diga: vista en pantalla grande, en una sala repleta de público, este western no tiene rival. Genera reacciones contrapuestas, de admiración y repulsa, pero estamos ante cine de quilates con momentos deliciosos y un soberbio reparto encabezado por Kurt Russell y un magnífico Richard Jenkins. Violenta, áspera, con un inesperado humor negro y un extraordinario final. Para aplaudir.


-LOS ODIOSOS OCHO. Tarantino vuelve a ofrecernos una prodigiosa muestra de cine que aglutina diferentes géneros para ofrecernos algo nuevo: su propio y particular género tarantiniano. Es western, sí. Es policíaco, sí. Es un remake encubierto de “La cosa” de John Carpenter. En cierto modo, sí. Fotografía deliciosa y magnífico score de Ennio Morricone, con un repartazo donde de nuevo, y en otro western en el mismo año, aparece Kurt Russell, en este caso junto a Samuel L. Jackson y Jennifer Jason Leigh, entre otros.


-COMANCHERÍA. Una de las sorpresas del año, con guión de Taylor Sheridan, autor de la también brillante “Sicario”. Mitad western, mitad cine negro, cuenta con el dios Jeff Bridges y los magníficos Ben Foster y Chris Pine. Una delicia noir para paladares exigentes.


-SUPERSONIC. Parte de la grandeza de un documental es recuperar el momento, hacer al espectador partícipe de lo que describe. Esto lo ejecuta con precisión emotiva SUPERSONIC, el documental de Mat Whitecross sobre el fulgurante acceso a la cima de la música del legendario grupo Oasis, centrado en la relación amor odio de los hermanos Gallagher.


-SPOTLIGHT. Cine premiable y merecidamente premiado. Un magnífico cast y una dirección sólida al servicio de una historia que nos mantiene atrapados desde el principio hasta el final. Ejemplar.


-EL REGALO. Extraordinario thriller: inquietante, realista y contundente, con una temática de actualidad y que hace reflexionar una vez finaliza la proyección. Joel Edgerton lo hace todo bien: guión, dirección e interpretación.


-DOS BUENOS TIPOS. Cine negro, humor y acción en una película que parece haber sido rodada en los 80. O, al menos, con ese tono desenfadado, violento, con humor y una inspirada e improbable pareja protagonista formada por Ryan Gosling y Russell Crowe. Y todo gracias a alguien nacido cinematográficamente en los 80, claro: Shane Black, uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood.


-CAFÉ SOCIETY. Es el Woody Allen de 2016. Y, como suele suceder, magnífico, aunque esta historia hermosa y desoladora no haya suscitado el entusiasmo de otras películas. El último plano, una absoluta lección de cine.


-CALLE CLOVERFIELD 10. Menos es más. Concebida como una (secreta) secuela de “Cloverfield” (aquí llamada “Monstruoso”), es un brillante ejercicio de narrar el (post) Apocalipsis entre cuatro paredes. John Goodman, estupendo.



-ROGUE ONE. Aunque no se anuncie así, estamos ante la mejor precuela del universo Star Wars, con un tramo final espectacular. Brillantes secundarios como Mads Mikkelsen o Ben Mendelsohn acompañan a otros recreados a través del CGI. Star Wars se expande. En calidad, también.