Continuamos: algo extraordinario sucede y nuevos personajes se van a incorporar en el capítulo tres de "La última cena".
miércoles, 15 de octubre de 2014
martes, 14 de octubre de 2014
LA ÚLTIMA CENA (capítulo 2)
Continúa el enfrentamiento entre Van Helsing y el Conde Drácula en "La última cena". Hoy escuchamos el capítulo 2.
lunes, 13 de octubre de 2014
LA ÚLTIMA CENA (capítulo 1)
El pasado verano me llamaron para comunicarme que había ganado con "La última cena" el premio a la mejor obra en castellano en el "II Certamen de Radioteatro Carlos Pérez Uralde", y que durante el otoño se emitiría la obra en cinco capítulos a través de las ondas. Pues bien, ha llegado el momento de presenciar el enfrentamiento final entre dos personajes mitificados a través de la literatura y el cine, de asistir al choque entre dos rivales de enjundia, enemigos eternos: Abraham Van Helsing y el Conde Drácula.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Guión de largo seleccionado en SOURCES 2
"On Air", el guión de largometraje que he escrito junto a Pedro Pablo Picazo, continúa su fase de desarrollo. Con producción de Lucía Ordóñez, hemos sido seleccionados en SOURCES 2, un programa para profesionales del cine europeo que cuenta con el apoyo de Europa Creativa MEDIA. Seguimos trabajando.
viernes, 22 de agosto de 2014
Sesión continua: de John Landis a Charlie Kaufman
Escribir sobre cine es un ejercicio tan
fascinante como hablar de cine, ver cine o hacer cine, y, sin embargo,
completamente diferente. Hace poco estas cinco películas pasaron por mi salón
cinéfilo. Aquí va lo que tengo que decir (escribir) sobre ellas.
Sorprende comprobar que, a día de hoy,
"Un hombre lobo americano en Londres" (1981) mantenga su fuerza: ese
malsano sentido del humor (chistes de una marcada incorrección política,
conversaciones con zombis en el patio de butacas de un cine porno, insultos
explícitos en pleno Trafalgar Square ante la expresión hierática y muy british
de un agente de la ley...) combinado con inquietantes momentos de terror (los
paseos campestres a la luz de la luna, las víctimas que huyen de la bestia por
el metro solitario,etc.). Pero sorprende aún más que John Landis, guionista y
director de esta brillante película, lo consiga sin apenas mover la cámara, con
una planificación clásica y eficaz, desplegando una forma de rodar que
actualmente ha quedado casi en
desuso (si hoy día no mueves la cámara, el espectador, al parecer, se aburre).
Además, se permite concluir la película de una manera trágica, en un desenlace
quizá heredado de la década de los setenta, donde como sabemos había una mayor
facilidad a la hora de hacer un cine más tenebroso. La excelente selección
musical, que va desde Sam Cooke hasta la Creedence, pasando, por ejemplo, por
la excelente y vibrante versión de "Blue Moon" que interpretan The Marcels (y que cierra la película en un magnífico contraste con el lapidario y
dramático final que ya hemos mencionado) eleva la película y potencia ese tono
a mitad de camino entre el clásico relato de terror y la bufonesca aproximación
al género, en una mezcla a menudo peligrosa pero que aquí adquiere una
deliciosa textura fílmica.
Mención aparte, claro, los efectos de maquillaje de
Rick Baker, que acojonan más que cualquier CGI y que ya han pasado,
merecidamente, a la historia del cine. Podemos afirmar, eso sí, que algún tipo
de maldición (no del hombre lobo, sino otra) alcanzó a John Landis años después,
ya que si bien entre finales de los 70 y principios de los 80 ofreció lo mejor
como cineasta con grandes películas, después pareció perder el rumbo en films
olvidables que crearon una evidente fractura dentro de su filmografía. Aun así,
siempre nos quedarán "Desmadre a la americana", "Entre pillos
anda el juego", "Cuando llega la noche" o "Un hombre lobo
americano en Londres", sin olvidar, por supuesto, el excelente "Thriller",
un sobresaliente cortometraje de terror con apariencia de videoclip a mayor
gloria de Michael Jackson.
"La noche del cazador" (1956) es una
de las grandes obras maestras de la historia del séptimo arte, una película
brillante que constituye la única incursión en la dirección del orondo Charles
Laughton, grandioso actor en tantas y tantas películas ("Testigo de
Cargo", "Espartaco", etc.). La vi por primera vez en los años
ochenta, en ese pequeño templo de adoración cinematográfica que era el antiguo
cine Corona Center de Sevilla (lugar donde disfruté por primera vez de obras
igualmente admirables como "El halcón maltés", "Senderos de
gloria" o "Atraco perfecto"), en versión original subtitulada, y
el impacto de lo que ya me pareció entonces no hace sino crecer con el paso de
los años: el majestuoso y demoníaco personaje que interpreta el gran Robert
Mitchum, la magnífica fotografía en blanco y negro, la odisea de los dos
hermanos por escapar a las garras de ese lobo con piel de cordero, la imagen
mítica de Lilian Gish, escopeta en mano, sentada en la mecedora, vigilando la
amenazadora presencia de Mitchum, con ambos cantando la misma canción... Puro
cine, sin duda, una de esas obras imprescindibles que elevan a categoría de
arte una pieza de ficción.
Y cómo olvidar otras imágenes icónicas que ya quedan
para el recuerdo: esa visión poética de Shelley Winters bajo el agua, las
palabras "hate" y "love" en los puños del supuesto pastor,
los travelling laterales que siguen al personaje de Gish y sus niños, familia
disfuncional unida por tragedias, y, en definitiva, el aroma fantástico, pesadillesco,
que desprenden muchos de los fotogramas que forman la obra y que hace de ella
un clásico, una pieza necesaria, una inyección de creatividad visual al
servicio de una apasionante trama.
Pero no todo pueden ser joyas de ese calibre.
Ni falta que hace. “El buque fantasma” (1943), dirigida por Mark Robson (que mucho
después comandaría películas como "El premio", con Paul Newman, o
“Terremoto”, con Charlton Heston) y producción a cargo del legendario Val
Newton, es un producto de terror de serie B donde la falta de presupuesto y la
previsible velocidad de rodaje se hacen evidentes en cada secuencia. Aun así,
hay espacio para hermosos detalles narrativos, como el encuentro al principio y
final con ese ciego junto al Puerto, o el plano que cierra el film, magistral,
donde a través de las sombras se unen de manera presumiblemente feliz dos
personajes y se cierra así una línea narrativa abierta a lo largo de la
historia. Historia de psicópata en un espacio reducido, "El buque fantasma"
se manifiesta como una obra que, con todos sus defectos, desprende cierto
interés y originalidad que hace agradable su visionado.
"El regreso de los malditos" (2007)
recoge el testigo de "Las colinas tienen ojos" (2006), potente remake
de la película setentera de Wes Craven que fue dirigida por el siempre
interesante Alexandra Ajá (director de la impactante "Alta tensión",
tramposa donde las haya pero realizada con indudable nervio; la magnífica "Mirrors",
que nos ofrecía la posibilidad de mostrarnos a Jack Bauer peleando no con los
habituales terroristas sino contra fantasmas; y la incomprendida
"Piraña"). Sin embargo, volviendo a "El regreso de los
malditos" hay que decir que, salvo un prólogo salvaje, el desinterés asola
con velocidad al espectador al comprobar, frustrado, la apocalíptica estulticia
del grupo de militares que debían captar su atención; así, en lugar de
preocuparnos por el destino del grupo protagonista, parece que nos pongamos del
lado de los mutantes, deseando que acaben de una vez con sus pobres diálogos y
escasa caracterización a fin de aliviar nuestro sopor.
Después de hombres lobo, psicópatas y
mutantes, cerramos esta entrada con "Confesiones de una mente peligrosa"
(2002), una excelente película dirigida por George Clooney (demostrando un
talento inusual en la construcción de escenas que después ha ido confirmando en
sucesivas obras) y escrita por Charlie Kaufman (cuyo universo particular ya
tuvimos ocasión de paladear en "Cómo ser John Malkovich" o
"Adaptation") sobre el libro de Chuck Barris. Aquí la historia gira
en torno a un creador de programas de televisión que termina siendo contratado
por la CIA para realizar asesinatos selectivos. Aunque la película se jacta de
estar basada en hechos reales, el tono que mantiene a lo largo del metraje anda
más cercano al fantástico, con momentos de exageración, humor y muerte, que al de
un drama realista al uso. Y esa es una de las virtudes de la película: navega en un híbrido de géneros y se mantiene en el punto exacto para mantener
el interés y, en ocasiones, incluso, fascinar.
Algo que, por suerte, a veces es posible.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Esta no es la historia de Antoñita la fantástica
En el magnífico escenario veraniego del Palacio de la Buhaira (Sevilla) se puede disfrutar en estos días de "Esta no es la historia de Antoñita la fantástica", escrita y dirigida por Verónica Rodríguez e interpretada por Edi Carrascal. Sin duda, una cita de lo más recomendable. ¿Cuándo? Ayer (martes, 19 de agosto) ya hubo ocasión de presenciar una obra que también estará hoy (miércoles, 20 de agosto) y mañana (jueves, 21 de agosto) sobre las tablas. Y recordemos que fue la primera producción de la compañía Dicotómica, llegando a ser finalista del Certamen de Creación Joven de Teatro "Desencaja 2009". Una cita de lo más refrescante para quien ande por Sevilla hoy y mañana.
martes, 12 de agosto de 2014
El hombre sin rostro
La llegada del verano me trae el recuerdo de esas lecturas mágicas de
la infancia capaces de transportarte bien lejos, de llevarte de la mano hacia
mundos donde te sientes parte de la acción, donde vives las aventuras de
personajes con un acusado sentido del honor, en historias a menudo entrañables
que te hacían tomar cariño hacia muchos de aquellos protagonistas.
Ahora que hemos dejado atrás la infancia podemos comprobar con
inevitable alegría que nuevas novelas son capaces de provocar un sentimiento
similar. La primera prueba de que la magia perdura es la deliciosa portada a la
que uno se enfrenta cuando sostiene el libro en sus manos: el descuadrado
fragmento de una página del periódico “El Planeta”, con una ilustración central
que recrea una de las escenas de acción que hallaremos bien entrada la obra, provoca
ya el deseo de adentrarnos en ese mundo sugerido. Hablamos, claro, de “El
hombre sin rostro” de Luis Manuel Ruiz (Editorial Salto de Página), una novela
que parece escrita con el detalle preciso que diluye las fronteras entre lo
real y lo imaginado, que nos transporta a un mundo de misterio y crimen, pero
también de aventura y mucho humor, con espacio para esas hábiles sorpresas
capaces de provocar la sonrisa en el lector. Agrada, cómo no, el idealismo de
su protagonista, Elías Arce, reportero intrépido embarcado en una aventura que
parece venirle grande, vehículo ideal para desplegar situaciones de comedia en
diferentes pasajes de la novela.
Literatura para todos los públicos y de asegurado disfrute, “El hombre
sin rostro” sugiere (o a mí me lo parece) que el universo creado por Luis
Manuel Ruiz en ese Madrid de comienzos del siglo XX podría no reducirse a la
magnífica aventura escrita en este libro, sino que podría dar pie a otras
gozosas historias con el propio Arce, el profesor Fo e Irene Fo como
protagonistas.
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