jueves, 14 de junio de 2012

Películas para vivir mejor (2)


Continuación del post de noviembre de 2011, donde empezábamos a enumerar las películas de las que hemos estado hablando a lo largo de la temporada radiofónica en las madrugadas de Canal Sur Radio, dentro del programa “Noche da Rosa”.

Películas, como el título indica, para vivir mejor.





El hijo de la novia
Ricardo Darín podría ser el nuevo Cary Grant y Juan José Campanella el nuevo Frank Capra. Deliciosa comedia argentina, de brillantez inusual, grandioso guión, grandiosa dirección y grandioso Darín, claro.




Todo es mentira
Una joya del cine español. Pero parece que nadie se ha enterado (al menos, no los encargados de editar un DVD o Blu-Ray). Divertida, entrañable y castiza comedia urbana imprescindible para retratar a unos personajes y una época noventera donde aún no habían llegado los móviles ni Internet. Geniales Coque Malla y Penélope Cruz (y Jordi Molla, Cristina Rosenvinge, Gustavo Salmerón, Ariadna Gil, Santiago Segura…)



Si la cosa funciona
Obra Maestra. Woody Allen lo volvió a conseguir, en este caso con la inestimable ayuda de Larry David, encargado de personificar algunas de las obsesiones y temáticas habituales del director norteamericano. Un auténtico subidón de película.




Love actually
La segunda película que hay que ver de manera obligatoria en Navidad (como curiosidad decir que el protagonista de la secuencia más romántica de la película se dedicaría tiempo después a exterminar zombies en “The Walking Dead”)



¡Qué bello es vivir!
La primera película que hay que ver de manera obligatoria en Navidad (como curiosidad decir que fue la primera película que rodó James Stewart después de su paso  por la Segunda Guerra Mundial)




Ben-Hur
Épica historia de aventuras en la que hay momentos absolutamente grandiosos gracias, entre otros muchos elementos, a la combinación mágica de la dirección de William Wyler y la extraordinaria banda sonora de Miklos Rozsa.




7 novias para 7 hermanos
Imprescindible musical de los años cincuenta con unas extraordinarias secuencias de baile que aún hoy deslumbran.




El guateque
Peter Sellers era un genio. Sólo hay que ver los primeros diez minutos para comprobarlo. Grandiosa comedia de Blake Edwards.




Una noche en la ópera
Y Groucho Marx otro genio. Hay tres o cuatro secuencias en esta película dignas de figurar en una antología de las mejores escenas cómicas de la historia del cine.


©José Luis Ordóñez (texto), junio 2012


viernes, 1 de junio de 2012

Radio y libros: del Sargento Highway a la Feria del Libro


Ayer noche (madrugada del jueves al viernes) celebramos en “Noche da Rosa” (Canal Sur Radio) los ochenta y dos años de Clint Eastwood hablando de algunas de sus películas, y aprovechamos la ocasión para escuchar míticas escenas de “El Sargento de Hierro”, ni mucho menos su mejor obra, pero sí un divertimento que, como diría otro de sus personajes, le alegra el día a cualquiera, de ahí que encajase en la sección que llevamos dedicada a “Películas para vivir mejor”. Pero escuchar al sargento de artillería Highway es también escuchar, al menos en España, a Constantino Romero, el mítico doblador que con Eastwood ha encontrado al actor y a los personajes que mejor se adecuan a su fantástica voz, administrando a la perfección los rasgos faciales de “Harry el Sucio” a una modulación sin duda privilegiada.


   Y si en las primeras horas de este viernes hablábamos de cine en la radio, mañana sábado vamos a Huelva, donde asistiremos a la XXXVIII Edición de la Feria del Libro, y en la que estaremos firmando ejemplares de “Lo Macabro del Amor” en el stand de la librería Anabel desde las 20.00 horas. Será un placer saludar a todo aquel que se pase por allí.






jueves, 31 de mayo de 2012

TV shows: "the finales"


Siempre es complicado rematar una serie que ha sido un éxito de crítica y público a lo largo de varias temporadas, porque eso supone poner fin a una relación casi familiar entre los personajes de ficción y los que nos colocamos frente a la pantalla para disfrutar de sus miserias y sus alegrías, de sus aventuras y desventuras, y sabemos que cuando ese último capítulo termine ya no habrá más, será el fin de una era, algo irrepetible, habremos pasado página y tendremos que otear el horizonte catódico en busca de una nueva obra televisiva que nos acompañe en el devenir de nuestra existencia.

   Aprovechando que ha concluido “House” después de ocho temporadas, una serie que nunca he seguido de manera obsesiva pero que siempre que la he visto ha satisfecho mis expectativas (no puedo dejar de admirar la precisión milimétrica de sus guiones, sus golpes de efecto, siempre parecidos de un capítulo a otro, pero, curiosamente, no por ello menos atractivos o sorprendentes), escribimos aquí sobre los finales de algunas grandes series que ha dado la televisión en la última década


HOUSE
Capítulo final que se desafía a sí mismo y consigue… ¡sorprender! Con caso médico incluido, la relación entre Wilson y House, el Watson y el Holmes adaptados al mundo hospitalario, nos lleva de manera efectiva hacia un brillante y liberador plano que cierra la serie.


 LOST
Después de cinco temporadas en general magníficas (eso sí, con algún altibajo, y algunos capítulos de relleno), llenas de misterio y suspense, la sexta temporada fue decepcionante, desaprovechando personajes que habían sido fundamentales en el pasado y desarrollando una mitología no del todo convincente. Curiosamente, el capítulo final sí cumplió las expectativas, cerrando un círculo casi perfecto que enlazaba con el arranque de la serie (y no, no se respondieron a todas las cuestiones planteadas, ni se explicaron algunos de los grandes enigmas… y eso no importó demasiado, porque, como sabemos, explicar demasiadas cosas termina aburriendo).


 24
Y llegó el octavo y último día del legendario justiciero Jack Bauer como protagonista de una serie perturbadoramente humana, cargada de tensión y buen hacer dramático, con un capítulo final que mezcló con acierto emotividad y adrenalina, dejando la puerta abierta para esa película que desde hace tiempo se anuncia de las aventuras de Bauer en pantalla grande pero que no termina de concretarse.


 LOS SOPRANO
Deslumbrantes cinco minutos finales donde nada sucede y todo sucede, con un ya mítico corte abrupto a negro que pone punto y final a uno de los grandes personajes de ficción: Tony Soprano.


 A DOS METROS BAJO TIERRA
Si deslumbrante es el final de “Los Soprano”, los minutos finales de “A dos metros bajo tierra” son los más emotivos de la historia, con la canción de Sia poniendo música a las imágenes de los personajes principales de la serie.


FRIENDS
Sin duda, la mejor sit-com, un ejemplo de brillantez concentrada en los 22 minutos que solía durar cada episodio. Para el final, los guionistas volvieron a sorprender, a hacernos reír y esta vez nos dejaron un ligero poso de melancolía que suponía el adiós de una magnífica serie que nos había acompañado durante diez años.


©José Luis Ordóñez (texto), mayo 2012


martes, 29 de mayo de 2012

Dos momentos de Terror


Ha querido el destino (y las fuerzas que dominan esa entelequia de la Distribución) que se estrenen de manera simultánea dos películas muy diferentes unidas por provocar una misma sensación, que, siendo subjetiva por cuanto a diferentes personas es inducida por diferentes medios (conviene señalar al respecto que, no obstante, últimamente lo que provoca más inquietud y zozobra es ver el telediario o escuchar las noticias en la radio), sigue siendo la que nos guía en nuestro aprendizaje desde la infancia.
Hablamos, por supuesto, del miedo.


“Martha Marcy May Marlene” (USA, 2011 / Sean Durkin) es una película independiente que bucea en el funcionamiento cotidiano de una secta cuyo líder (impresionante John Hawkes) mantiene férreas convicciones acerca de cómo debe ser el microcosmos en el que viven: conviviendo en una granja, labrando la tierra, potenciando el amor libre y desconectándose de todo aquello que no entienda ese particular modo de vida del que él es el sumo creador. Manteniendo siempre el convincente punto de vista de la protagonista (excelente Elizabeth Olsen), acompañamos al personaje principal en su huida y posteriores miedos, al tiempo que completamos la información con sabrosos flashbacks que nos expanden el conocimiento de sus experiencias. Con un ritmo sosegado y final ambiguo, la película, además, nos regala el momento de terror al que aludíamos al inicio, cuando el líder de la secta y varios acólitos irrumpen en el hogar de la familia de una de las chicas acogidas, donde  se establece un inquietante diálogo con el dueño de la casa, sorprendido ante la presencia de extraños, en una escena que recuerda en cierto modo a “Funny Games”, y cuyo desenlace  agita la tranquilidad interior y permanece en la retina.


“La maldición de Rookford” (UK, 2011 / Nick Murphy) obedece a criterios muy diferentes en su construcción: deudora del terror más clásico, aquí encontramos la (más o menos) típica historia de fantasmas dentro de una gran mansión (en la línea marcada desde finales del diecinueve en el ámbito literario por Henry James con “Otra vuelta de tuerca”), donde detectamos elementos comunes que ya forman parte de nuestro imaginario. Aun así, la historia está bien llevada, genera interés y sorprende (y desconcierta) en su tramo final. Rebecca Hall aporta la naturalidad necesaria para alguien que permanece casi todo el tiempo en pantalla, y nos conduce al momento más escalofriante de la película: ella, una descreída del mundo de los fantasmas, llega a la mansión para comprobar si realmente existe ese espíritu que los niños que allí reciben clase a diario dicen haber visto, y que, por tanto, no es otro de los timos y engaños que está acostumbrada a desenmascarar, y es en una breve escena, en la que contempla una mansión en miniatura que representa diferentes momentos de la realidad reciente, cuando la sabia planificación es capaz de hacernos botar del asiento sin necesidad de efectos de sonido estridentes, montajes caóticos o efectos de maquillaje extremos, demostrando que el miedo, al menos en pantalla, es la consecuencia lógica de la inteligente sucesión de unos planos bien administrados.
Independiente o clásico, el terror sigue vivo en nuestras pantallas.

©José Luis Ordóñez (texto), mayo 2012

viernes, 18 de mayo de 2012

Feria del Libro Sevilla 2012



Mañana sábado LO MACABRO DEL AMOR estará en la Feria del Libro:



Todos estos escritores el sábado por la mañana firmando: 



sábado, 19 de mayo

11:00
 Miguel Fernández Villegas

12:00
 Enrique Sánchez

12:00
 Francisco Basallote

12:00
 Raúl Peña

12:00
 Anna Rossell

12:00
 Eduardo Galeano

12:00
 Gilda Santana

12:00
 Isabel Sartorius

12:00
 Luz Gabás

12:00
 Maria Iglesias

12:00
 Maxim Huertas

12:30
 Fernando Carrasco

12:30
 Javier Torres Gómez

13:00
 Mario Álvarez Porro

13:00 
Blanca Ferrández del Cacho

13:00
 Isabel Sartorius

13:00
Jose Luis Ordóñez

13:00
 Jose Luis Rodriguez Del Corral

13:00
 Luz Gabás

13:00
 Maxim Huertas

13:00
 Pedro de Paz

14:00
 Almudena Grandes

14:00
 Gilda Santana






viernes, 27 de abril de 2012

Eden Lake


Hay cierta mala leche en esta película que, sin duda, me parece uno de sus atractivos, más allá de méritos en el desarrollo de una historia que, en principio, podría haber dado lugar a una survival movie más, y viene expresada, por ejemplo, en demostrar al mundo que los chavales que montan en bici —además de dedicarse a salvar extraterrestres buenos o salvar el mundo de extraterrestres malos— también pueden ser unos auténticos hijos de puta. El hecho de darle la vuelta a la tortilla a esa infancia y adolescencia elevada a los altares del idealismo en las (maravillosas) películas de Spielberg, parece aquí tomada como modelo para trazar su opuesto tenebroso, donde el líder ejerce de manipulador carismático (¿qué líder no lo es?) hasta llegar a controlar a su grupo de esbirros con una facilidad pasmosa para obligarlos después a cometer las fechorías más cruentas.


   Es imposible no empatizar con el personaje que interpreta Michael Fassbender (previo a su despegue con los bastardos de Tarantino), cuando le vemos sufrir la incómoda presencia del grupo de gamberros cuya máxima prioridad es molestar, acosar y agredir a los que comparten vistas a ese lago Edén que, sin embargo, tendrá más visos de convertirse en un infierno para los protagonistas.



   El desarrollo de la película mantiene un tono siniestramente pesadillesco que alcanza su cenit en las secuencias finales, y que son escalofriantemente verosímiles por la explicación antropológica que aguarda al espectador, tan desoladora y real como la que podemos comprobar en la vida diaria; de manera inteligente, la historia nos guía en general a través de los ojos del personaje protagonista, interpretado por la sufrida Kelly Reilly, salvo por esa escena final, magnífica, extrañamente memorable, escalofriantemente metacinematográfica, que cierra en alto esta más que interesante película de James Watkins, aquí mucho más certero y sugestivo en la dirección que en la sobrevalorada (y alargada hasta el exceso) “La mujer de negro”. Además, me gustaría destacar la banda sonora, más enfocada hacia el dramatismo de la historia que al hecho de recalcar temas propios del cine de terror, lo cual constituye sin duda una certera ironía que complementa satisfactoriamente a ese título que hace referencia al idílico paraje en el que Fassbender pretende pedirle matrimonio a Reilly. ¿Moraleja? Mejor hacerlo en zona urbana, bien alejados de esos enjambres ciclistas de adolescentes perturbados que escuchan música a volumen alto y tienen cierto aprecio a las gafas de piloto.

©José Luis Ordóñez (texto), abril 2012



lunes, 16 de abril de 2012

Infierno de valientes

Es interesante el giro que ha tomado el cine español en dos de las películas más destacables de los últimos tiempos: si el año pasado “No habrá paz para los malvados” ensambló el criterio, a menudo dispar, de público y crítica, hace poco “Grupo 7” parece haber logrado similar hazaña. Si bien la película de Enrique Urbizu bucea con pericia en temas ya tratados anteriormente por el director vasco, Alberto Rodríguez se adentra en un terreno nuevo para él, haciéndolo con envidiable soltura, desplegando el oficio propio de quien cultivase habitualmente este tipo de historias.


   Si en un largometraje José Coronado interpreta a un policía corrupto (habría que ir, sin embargo, varios pasos más allá: sí, es corrupto, pero también es un alcohólico enganchado de manera crónica al cubata, un ser enfermizo que se aísla de la sociedad y sólo encuentra acomodo en los reductos marginales, y, sobre todo, un asesino despiadado), en el otro, los cuatro miembros del grupo al que hace referencia el título, guiados por Antonio de la Torre y Mario Casas, no tardan en encontrar métodos que escapan a la legalidad para enriquecer sus bolsillos (y, de paso, la trama de la historia). Ya no podemos referirnos, por tanto, a héroes carentes de borrones en su expediente, sino que hablamos de personajes verosímiles que no escapan al inexorable y conocido brazo de la realidad, que ceden a la tentación de conocer las ventajas del otro lado. Y, sin embargo, el tratamiento es muy diferente en las dos películas: en “No habrá paz para los malvados” no podemos hablar de descenso a los infiernos, ya que Santos Trinidad (un ejemplarmente caracterizado Coronado, tan parco en palabras como lúcido en su interpretación gestual) lleva cierto tiempo pateando el inframundo, por lo que, si acaso, lo que vemos es un inevitable serpenteo en el que se regodea por los vericuetos del mal, con trama terrorista de fondo; en “Grupo 7” ese acercamiento a la oscuridad está justificado por el hecho de que los personajes principales, esos policías decididos a extirpar el tráfico de droga del centro de Sevilla, acceden a lo deseado gracias a ese ingreso extra obtenido de manera fraudulenta, en un flirteo que, sin embargo, les lleva, al menos durante unos minutos, a entrar en el infierno para que sus malignos acólitos se rían de ellos en esa magnífica escena de humillación colectiva donde se tensan las relaciones entre los supuestos héroes y Amador, al que da vida Alfonso Sánchez, el despiadado villano de la función, salvaje y tremebunda personificación del mal. En la película de Urbizu es Santos Trinidad el que parece reírse del infierno (hablemos de una risa interior, mostrada en el desafío que supone campar a sus anchas, ocultando la verdad a todos sus compañeros, mintiendo y entregado a un egoísmo que, por momentos, pensamos pueda adquirir un cierto carácter redentor), y, sin embargo, es consciente de su propia caída, como en la escueta pero resonadora escena en la que le comenta al hijo de un antiguo compañero que no le diga a su padre que lo ha visto.


   Una y otra película desarrollan sus tramas con elementos muy pegados a la realidad: por un lado, el terrorismo, inquietante y desolador (por cierto, antológico final el que se marca Urbizu, con planos que ponen un nudo en la garganta); por otro, la Sevilla pre-Expo 92, subrayada por varios insertos documentales que muestran el crecimiento de una ciudad que se engalana para dar un salto de calidad, y en el que el grupo de “intocables” tendrá algo que decir (magníficos esos encuadres que retratan a los cuatro integrantes del “Grupo 7”, haciendo un uso ejemplar de la pantalla).

   Así pues, hay que alegrarse de esta saludable vía que mezcla crítica social y cine de género, que asciende a la categoría de protagonistas a sujetos nada ejemplarizantes, que se apega al realismo antes que a la fantasía, que no se regodea en la violencia sino que la muestra cruda y salvaje, que ilustra de manera valiente la dirección a seguir, creando historias interesantes, bien contadas, que no se entregan dócilmente a la opresora corrección política que se empeña en perseguirnos y ahuyentar la capacidad creativa, y que satisface por igual a crítica y público.

   Y ya como gusto estrictamente personal y absolutamente imposible, me gustaría ver en pantalla, a modo de precuela puramente gozosa y adrenalítica, un encontronazo salvaje entre Santos Trinidad y Amador, en una antítesis atractiva de esos míticos Butch Cassidy y Sundance Kid, contra los héroes con leotardos de la Marvel.

     A Stan Lee se le iba a acabar la gallina de los huevos de oro.




©José Luis Ordóñez (texto), abril 2012